sábado, 5 de septiembre de 2015

Todos somos refugiados de las derechas transnacionales


Más allá de nuestra deteriorada alma humanitaria surgen múltiples interrogantes sobre la crisis migratoria que avergüenza a Europa. ¿Por qué se insiste en que son refugiados sirios cuando sabemos que son de una veintena de países en guerras provocadas por el intervencionismo occidental y saqueados por las transnacionales y de los que ya muchísimos deambulan como ilegales por toda Europa? ¿Por qué ahora cuando aún no hemos salido del estupor ante los desastres que la Unión Europea planifica en Grecia? ¿Es parte de la batalla contra los movimientos populares por el cambio en el continente? ¿Por qué ahora, cuando aún el conflicto de Ucrania, también provocado por la Unión Europea y los Estados Unidos, sigue latente? ¿La crisis de los refugiados creará más problemas a los pueblos europeos y se olvidarán de la crisis económica y política que padecen así como del TTIP, del TISA y de todo el expolio social que las derechas negocian en Bruselas para inmigrantes y nacionales?

Todo parece tan claro. Por primera vez en estos asaltos migratorios emerge en la orilla de una playa tranquila el más temible de los horrores visto: un niño, con sus ropitas de colores mojadas por el agua, con las puntas de sus zapaticos hundidos en la arena y con la piel muy blanca de sus piernas, brazos, manos, espalda y el perfil de la cara reposando el silencio de su muerte entre las suaves olas del mar. Enmudecemos, mirarlo es gritar, mucho más de lo que gritamos por aquel niño negro asediado por los buitres durante las hambrunas africanas. Seguramente la nueva imagen recibirá el premio a la mejor fotografía del año en la competencia criminal con que el Sistema festeja lo humano con un espectáculo. El primer ministro inglés, después de “la plaga” de inmigrantes que rechazó en el Paso de Calais, dice que “puede recibir a miles de refugiados”. El primer ministro húngaro dice que Hungría, Polonia, Eslovaquia y Estonia “están dispuestos a acogerlos, pero que ellos quieren ir para Alemania”. La canciller alemana dice que “no acepta excusas de ningún país europeo para no recibir una parte de los refugiados”. ¿A qué beneficia el grito mudo que estamos dando por el niño muerto? No lo sabemos. ¿Es un ajuste de cuentas entre las derechas? ¿Deben ellas mantener el orden de sus intereses y este es su gran objetivo con todos: todos somos refugiados de las derechas transnacionales?

¿Habrá una escalada militar contra Siria y contra los kurdos por parte de la OTAN, recién reunida en Turquía para apoyar sus ataques al denominado Estado Islámico y a la guerrilla kurda? ¿El caos provocado por la OTAN en Libia producirá otra intervención de la OTAN en ese país? ¿Y qué pasa con el arribo de armamentos y tropas de la OTAN a las fronteras con Rusia? ¿La industria armamentista debe satisfacer las flaquezas de la economía global echando a andar la maquinaria belicista? Las preguntas se agolpan por millones y nadie se atreve a comentar qué se cierne sobre Europa. ¿Quién hará hablar al silencio del niño muerto y al grito mudo de todos los que miramos la tragedia?

Ayer viernes 4 de septiembre se reunieron en Barcelona los llamados “alcaldes del cambio” en España y fueron rotundos: “Hemos venido para quedarnos”. ¿Cómo los alimentaremos y los sostendremos ante las tantas tramas que le preparan las derechas en los máximos poderes de Europa, España y Catalunya? Sabemos que las ciudades-refugio son hermosos reflejos de humanidad, pero también entendemos que la mayor hermosura está en impedir la continuidad de las guerras y los saqueos de países enteros que promueven los intereses de las transnacionales. El cambio es bien grande, pero se puede, y no se trata de cortejar a los inversores en una Maratón por la paz y contra la pobreza, sino de compartirlo todo para que funcione bien la cooperación, que es lo que realmente puede expresar la humanidad que nos nombra y nos asombra. Lo hacemos o nos quedamos en la comedia de siempre donde el silencio de los muertos y los gritos mudos de los vivos sólo alcanzan para producir nuevos premios en fotografías impactantes. No lo olvidemos: luchar a favor de refugiados e ilegales es luchar por nosotros mismos.

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