viernes, 25 de marzo de 2016

¿De qué amor no serán capaces los cubanos?


En todo proyecto revolucionario y en todas sus diversas etapas existen seguidores y detractores. Cuba no es una excepción. Desde hace bastante tiempo el gobierno cubano, más con hechos que con palabras, ha propiciado la fraternidad entre todos los cubanos. Miami ya es una ciudad de encuentro constante. Y como Miami, otras múltiples cuestiones se han ido y se van solucionando y asimilando por todos con suficiente normalidad. Hace pocos días Obama visitó la isla y despertó la división que ya venía diluyéndose. ¿Para qué? Los cubanos saben descubrir el antídoto para todos los venenos.

A pesar de cualquier señalamiento al gobierno cubano -muy natural en estos tiempos poco fraternales en todo el mundo-, este gobierno ha hecho y sigue haciendo sus tareas. No solo condujo una revolución triunfante como la necesitaba el pueblo. No solo enfrentó al desparpajo de los Estados Unidos. No solo alcanzó enormes logros en sanidad, educación y convivencia social que tanto urgen en cualquier país del Tercer Mundo. No solo pensó únicamente en su nación como aconseja la soledad auto-destructiva capitalista. No solo se defendió con suma inteligencia frente a las campañas mediáticas de descrédito político y atentados terroristas a árboles, animales y personas. El gobierno cubano supo ser pueblo y sobrevivió con este a la hecatombe de los que lo ayudaron en los principios del mejoramiento humano. Por ello pueblo y gobierno en Cuba cosechan aún una inmensa siembra de laureles. Un asombro poético y una verdad tan grande como el planeta.

Cuba venció la estrategia norteamericana de “derrocar al gobierno por hambre y desesperación del pueblo”, como plantea la decisión que estableció el célebre bloqueo a Cuba que aún persiste. Entonces, más allá de los dramas dolorosos y las contradicciones de esta época, gobierno y pueblo cubanos siguen siendo todavía Cuba en el mundo. Hoy es fiesta grande en La Habana: actúan los Rolling Stones. Mañana, la vida dirá si la fraternidad es el mayor orgullo de una nación.

(También publicado en El Periódico, Catalunya, bajo el título "Cuba: la fraternidad, orgullo de una nación")

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