lunes, 18 de abril de 2016

Cuba frente a la puerta del tiempo


Nadie puede negar la enorme complejidad de la actual realidad cubana y su influencia en América Latina. Influencia hasta en todo el pensamiento de lucha y liberación expandido por el mundo. Nadie ya está exento de mirar lo que sucede y sucederá en la isla sostenida por los sueños.

Las transnacionales y la gente del negocio puro y duro son las que están más atentas. Como si los trozos de tierra y de mar del espacio cubano fueran inmensos, cuando solo se trata de un mínimo lunar en el pastel con que los inversionistas han concebido al planeta. Podría afirmarse que la mayor tajada en estos momentos tan cruciales para Cuba, para América Latina y para nuestra dolorosa humanidad no es el mercado cubano, sino esos sueños en que por tanto amor se han hecho tan grandes.

Igual que hizo la madre del círculo de tiza al soltar el brazo de su hijo con tal de no destrozarlo halándolo a su lado, pasa con los sueños cubanos. No es la propiedad del hijo -como no se tiene sobre los sueños- lo que engrandece a la madre, sino el amor que defiende hasta el infierno. Ni los vientos más incontrolables pueden con su naturaleza. La clásica sabiduría que en la fábula hizo justicia con la madre, también la hará con Cuba. Nada vive en la calma y todo avanza entre tropezones con el tiempo.

A pesar de todas las patrañas que logren urdirse contra Cuba, y a pesar de los avances tecnológicos, los nuevos métodos para negociar con el oxígeno cubano y aún en nuestros cambios generacionales, hay otras cosas para comerciar. Podemos estar tranquilos. La isla tiene suficiente belleza en alerta ciclónica. Y no se trata de eternizar las tensiones, solo se apartan las nubes para que no agüen la fiesta. Arribarán todos los que quieran y serán bienvenidos. Nada nos impedirá la vida. La nueva época llega para todos y a Cuba siempre le recordará el olor de la manigua. Simplemente se ha tocado a la puerta del tiempo y por muchos desvaídos que surjan entre nosotros, nunca faltarán los sueños que nos han hecho cubanos.

(También publicado en El Periódico, Catalunya)

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