miércoles, 31 de agosto de 2016

Imponer la mentira nos llevará a devorarnos


“La corrupción de la verdad” hecha por el PP en las luchas independentistas de Catalunya, señalada por el diputado Joan Tardà durante el debate de investidura presidencial en España, resulta una característica principal del sistema capitalista a nivel mundial. Por ello tiendo a ver o finalmente creer que las agresiones, bloqueos y campañas mediáticas a partir de la mentira que se han ejercido contra Cuba es uno de los mayores crímenes que se han cometido por lo peor de nuestra dolorosa humanidad.

Pienso que necesitamos saber cómo ayudamos a todos los proyectos sociales que, en resistencia contra las oscuridades humanas, se levantan por múltiples partes de la Tierra. Ayudarlos sin la más mínima colaboración con el objetivo de destruir la gigantesca verdad de que todo ser humano y todo pueblo tienen el máximo derecho a vivir la felicidad que todos buscamos. Y no se trata de ponerle sello de garantía a cualquiera reivindicación individual o colectiva, sino de que ya es hora de que todo el mundo aprenda a vivir libremente en cooperación permanente. Mientras a esta ilusión de vida se le imponga su desgaste o eliminación forzosa con mentiras, no habrá paz en ninguna parte del planeta.

Por supuesto que debemos estar abiertos a la crítica y la solución de los errores que cometamos durante el aprendizaje, pero también debemos estar bien alertas de que en esta crítica y solución sus protagonistas no sean los que, consciente o inconscientemente, participan de las agresiones, bloqueos y campañas mediáticas contra las luchas transformadoras en el mundo. Es triste esta posición, ya que, en buena medida, puede cortar posibles diálogos o entendimientos que podrían ser muy efectivos, pero lo contrario puede ser aún más triste, pues podría instalar en las luchas emancipadoras -la principal huella de nuestros tiempos-, la corrupción de la verdad, que es lo que impera en aquellos que no buscan ningún debate enriquecedor, sino nuestro silencio, nuestro arrepentimiento y nuestra derrota.

(También publicado en El Periódico, Catalunya, bajo el título "Al PP: corromper la verdad impide la solución dialogada")

domingo, 28 de agosto de 2016

Crear vida será siempre nuestro mejor argumento

Sin dudas que soy un lector, y también emisor, de argumentos en contra del capitalismo, el imperialismo y de eso que para millones de personas es la única forma de vivir con normalidad: el idolatrado consumo de la propia vida, la vergüenza común y la diversión alienada entre nosotros mismos. Claramente soy un defensor de la Revolución Cubana y de todas las ideas y prácticas que han emanado de tantas luchas por el cambio del mundo y del ser humano. Pienso, igualmente, que aún son posibles la exposición y el razonamiento de nuevos argumentos. Pero sé que ya tenemos muchos que más que a seguir exponiéndolos y razonándolos, nos invitan a su fértil estacionamiento en la cotidianidad de la vida, siempre difícil, pero que es donde único cantarán con mayor felicidad.

Ya el capitalismo ha creado con bastante fuerza sus vitrinas para la libertad individual. Muchísimos ya están dentro de ellas. Y muchísimos también ya funcionan como sus intelectuales para que no decaiga la entrada al supermercado del consumo de las vanidades. No está mal que, de vez en cuando, nos recordemos el barullo de esas vitrinas mediante la condena más explícita de sus contenidos y de sus pregoneros, pero resulta mucho más potente y efectivo que, uniéndonos mucho más todos los que defendemos la llegada de un mundo distinto, acerquemos nuestras imaginaciones hasta poder ir produciendo un río de sabiduría y de luz en el día a día que todos vivimos en cualquier parte del mundo. El caudal que seamos capaces de crear dará más satisfacciones a todos que cualquier argumento. Cada cierto tiempo debemos recordarnos que son las aguas la máxima fuente de la vida.

Abordar el camino de las transformaciones que podamos realizar siempre será el mejor argumento. Dedicarnos en demasía a seguir exponiendo y razonando los horrores del capitalismo, como a la condena de las posiciones que riegan sus agentes y sus simpatizantes, es entregarle, tanto al sistema como a sus portadores, una parte del río en que estamos trabajando.

(También publicado en El Periódico, Catalunya, bajo el título "Contra el capitalismo y el imperialismo")

sábado, 20 de agosto de 2016

Las contradicciones sobre el final de Cuba


Cuba sigue siendo una incógnita. ¿Salvará su proyecto social de la ferocidad con que el gran capital impone la desideologización del mundo y el triunfo de la suerte individual? Para muchísimas personas el único sistema que funciona -aunque no sea de ellas ni puedan disfrutar sus desmanes-, es el sistema capitalista. Mientras, el socialismo cubano, aún con capacidad para que todos vivan, requiere de múltiples transformaciones para su pleno funcionamiento y en ello la valentía y la certeza en el camino dirán la última palabra. Porque ese capitalismo que funciona, y que a muchos satisface, funciona precisamente porque no es de todos aún cuando sus luces ciegan a muchísimos.

En el funcionamiento del capitalismo no debe olvidarse jamás que para los más desfavorecidos y aún para mucha clase media trabajadora solo queda la virtualidad de un extraño desperdicio del planeta. A la mayoría de los medios de comunicación -en poder de los interesados en el funcionamiento del capital- no les interesa para nada que en esos sectores tan amplios del mundo haya apagones eternos de electricidad y otras “menudencias” como las faltas de sanidad, educación, cultura y la gran “bagatela” de la dignidad humana. Toda rebeldía para conquistar esos faltantes termina, si no con una brutal represión sin ser noticia, con la asunción en cada persona y en cada pueblo de su destino intocable.

Es evidente que Cuba tiene que resolver sus claras complejidades antes de ponerse a reprimir o acallar sus populares sueños, pero es esto último lo que en definitiva desean algunos para celebrar su obra de desgaste con la Revolución Cubana. Nunca han cesado los rumores sobre el fin de Cuba y ahora se acrecientan para descanso del gran capital. ¿Qué hay más allá del esfuerzo y la conciencia de los seres humanos y los pueblos? La verdad, la magia, la vida, la Historia. Todas ellas siempre han sido de Cuba a pesar de parecer categorías del capital. Cuba es un milagro en medio de los misterios que la salvan.

(También publicado en El Periódico, en Catalunya, bajo el título "¿Se salvará Cuba de la voracidad del capital?")

viernes, 12 de agosto de 2016

El otoño más brillante (Fidel en sus 90)


En esta vida rara que nos pasa alrededor, Cuba y Fidel son una historia digna de contar.

Terminada la salvaje conquista y colonización del territorio que va desde el rio Bravo hasta la Patagonia, y trasladado el vigor de la Revolución Industrial inglesa al mosaico de naciones que formaban los Estados Unidos de Norteamérica, para América Latina se inició el tiempo del salvajismo neocolonial ejercido con la impenetrable ambición y la sórdida violencia en que iba creciendo el imperio del Norte. Son incontables las masacres provocadas por la sangrienta arribada de las compañías norteamericanas al sur del continente. Cuando no eran por las minas, eran por las plantaciones bananeras. Siempre hubo algo que presagiara y produjera una masacre. Así pasó en Cuba hasta el triunfo de la Revolución y a cuyo líder los gringos no pudieron matar ni incendiando el Mar Caribe con más de la mitad del petróleo que sus aguas contenían.

Ante un desastre tan gigantesco, Fidel priorizó salvar el alma, el coraje, la esperanza y toda clase de caminos donde siempre pudieran festejarse los sueños. La educación y la cultura fueron los cimientos esenciales. Salvar al ser humano fue la piedra filosofal. Quien quiso salvarse, se salvó, aún cuando no tuviera ninguna pirámide para celebrarlo. Esa es la razón por la que a sus 90 años, en su otoño más brillante, Fidel sonríe a la suerte de que en cualquier parte del planeta donde se enfrente la vida con la verdad revolucionaria, la salvación es posible. Y para mayor alegría de revertir la catástrofe impuesta por los yanquis, la Cuba de Fidel robusteció la fuerza telúrica del pensamiento que puede permitirle a toda persona, incluso a la más ajetreada, una visión determinante para convertir en cenizas las peores oscuridades que le pasen por delante.

No hay suficiente riqueza en el mundo para comprar la suerte de ser revolucionario en su fiesta más sublime: el poder para vivir con calma la Historia sin espantarse.

Ottawa, Canada, 12 de agosto de 2016


(También publicado en El Periódico, Catalunya, bajo el título "El otoño más brillante de Fidel Castro")