sábado, 14 de abril de 2018

Qué pena estas armas químicas


Con aquel mismo eslogan de “fuego y furia” con que destruiría a Corea del Norte, el señor -el Trump que las últimas elecciones norteamericanas propusieron y casi todo el mundo acepta como el Señor de Todos los Cielos-, da un respiro o una desviación al Brexit de la May y a los múltiples sustos de Macron, sumando al Reino Unido y a Francia en los bombardeos a Siria, a pesar de que allí se halla Rusia apoyando al gobierno de ese país y señalando como un montaje la acusación que se le hace y diciendo que los bombardeos tendrán sus consecuencias.

Unos bombardeos cuando aún los Medios occidentales siguen repitiendo “el posible” o “supuesto” ataque con armas químicas del gobierno sirio a uno de sus poblados. Muy parecido a lo que se hizo en Irak. Y aún peor, unos bombardeos sin esperar a que la Comisión contra el uso de esas armas visitara el lugar donde supuestamente se usaron y si se usaron que otra Comisión determine a sus responsables, sin oír tampoco a la comunidad cristiana y a su principal organización humanitaria en ese país árabe, Caritas, que rechazan también la acusación. Nada, todo indica que destruir el país milenario ya está decidido. Y lo más terrible, el plan parece mayor: Corea del Norte, Rusia, China, Cuba, Venezuela y todo el que se oponga al Señor ya están marcados.

Ha dicho el Secretario General de la ONU que “vuelve la Guerra Fría, pero sin las formulas que existían antes para evitar tensiones entre las grandes potencias”. Algo le salió mal a Occidente en el derrumbe de la Unión Soviética y ahora quiere remediarlo a costa de todos si lo aceptamos.

Es una pena que las armas químicas de que hablan Estados Unidos, Reino Unido y Francia no sean las medicinas o los alimentos por los que tantas y tantas personas mueren diariamente de enfermedades curables y hambrunas y ninguna de estas tres potencias mundiales se las den ni se atrevan a fundar cambios radicales en los crímenes atroces contra la Humanidad al no darlas. Mala comparación, pero espantosa verdad.

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