viernes, 23 de junio de 2017

Vínculos necesarios

Al retroceso de la política norteamericana, Cuba contesta sin los extremos que siempre han demostrado su corto recorrido. De ahí que la continuidad de la vida, en toda la diversidad que la glorifica, es el mayor valor de la isla cuando comentamos nuestra irrenunciable libertad.

Que hay quienes andan con la serpiente enroscada no debe ser ninguna sorpresa, pues esta figura igual puede esconderse en la casa de todos y algunas veces la confianza es un amuleto perdido en los siglos. La historia avanza de forma colectiva y cada individuo aporta su campaña para engrandecerla. Es muy saludable para una sociedad asumir sus vínculos necesarios. Mientras estamos juntos, casi todo se puede. Cuando nos separamos, todo es menos posible.

Cuba, aún dentro de sus grandes y persistentes victorias, también ha cosechado derrotas. En el campo de lucha se han fraguado todas y que sean de un color o de otro ha dependido del más acorde ojo político de la nación. En múltiples ocasiones la confrontación EEUU-Cuba nos ha impuesto definiciones y hasta graves desencuentros que la propia Revolución ha ido limando y convirtiendo en fuentes de mayor unidad con nuestra historia. Fue el propio Fidel el que inauguró que "la ciencia de la Revolución era convertir a los enemigos en amigos"(1). ¿Cómo no entenderlo entre nosotros mismos cuando, en la mayor parte de las discrepancias, solo nos alejan puntos de vista?

Resulta destacable la visita en 1977 de 55 jóvenes de origen cubano integrados en la Brigada Antonio Maceo. Ese primer paso decisivo fue seguido en 1978 con otros encuentros más amplios con las posiciones ideológicas de sus participantes. No obstante, el mismo Fidel expresó: "Yo creo sinceramente que esto que hemos hecho y que estamos haciendo es revolucionario. Si nos hubiésemos dejado llevar por la rutina, por las cosas más fáciles, entonces no habríamos emprendido esto que estamos haciendo. Creo firmemente que no lo haríamos si no fuéramos revolucionarios. Creo que lo hacemos porque somos revolucionarios"(2).

Con la declaración de Trump del 16 de junio y el entusiasmo de una contrarrevolución externa e interna pereció toda oposición a la historia que Cuba emprendió con Obama. Ese acto vergonzoso invitaba a un entierro y propiciaba una nueva correlación de fuerzas donde muchos enemigos y otros que nunca lo han sido nos acercábamos. Entre una mayor cantidad de cubanos se logró decir algo muy elocuente: que la relación de Cuba con el imperio no pasaba por Trump, pues la Revolución Cubana había elegido el desafío de Obama. En tal confluencia con nuestra historia -y que algunos solo han visto como un hecho poco significativo u oportunista en la actuación de otros-, cabe destacar la convergencia de muchos para una cotidianidad de lucha nada desdeñable. Más temprano que tarde, en vez de hacernos más fieros, el país se encaminará a la más exhaustiva preparación de los vínculos necesarios con todos aquellos que, en compromiso con la voluntad de acompañar la más feliz continuidad de nuestras vidas, participaron del enterramiento a la oposición con las decisiones de Cuba. Jamás debe asustarnos la vida, y mucho menos la del heroico pueblo cubano para emprender el encuentro de todos en la historia de la Revolución Cubana.

1-«El Mariel treinta años después», revista Temas no 68, octubre-diciembre de 2011, p.83

2- Editora Política: Diálogo del gobierno Cubano y Personas Representativas de la Comunidad Cubana en el Exterior, La Habana, 1994.

martes, 20 de junio de 2017

Declaración de blogueros cubanos


Cuba existe también en la blogosfera. Es el testimonio cotidiano y el pensamiento libre de una nación y de un pueblo en toda su variopinta cultura de resistencia y de vida. Justamente por ese patriotismo que nos identifica como comunidad, es que denunciamos las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos por ofensivas e insultantes con nuestro pueblo. Trump  frena, retrocede, se descoloca en la historia,  asume la peor de las posiciones y lo hace rodeado de sujetos con un amplio prontuario criminal.
Los blogueros cubanos que suscribimos esta declaración, así como en su momento, seguimos y animamos el acercamiento entre las dos naciones, a pesar de sus diferencias,  rechazamos la vuelta al discurso ofensivo y la política de las cavernas, tantas veces  derrotada;  reprobamos  toda intención de fuerza contra la Isla, al tiempo que descalificamos a terroristas y políticos tramposos como interlocutores válidos para los cubanos.
El presidente Trump ha de saber que su mandato no se extiende a Cuba  y  sus ofensas  en el show de la “era del hielo” solo sirven para reforzar el sentimiento antiimperialista, como una razón más de unidad.
El trazo del camino seguido, y las cualidades de la rueda que le transita, son legítimos por la génesis popular que le dio vida, sin presión de ningún tipo, forjada desde el pueblo al que pertenecemos, y al cual se debe nuestro relato- sorprendente e impetuoso- de la vida tenaz en  esta tierra, que lucha día a día por una sociedad y un mundo mejor.
Quienes deseen sumarse a esta declaración lo pueden hacer a través de las diversas plataformas de Redes Sociales donde ha sido publicado o, reblogueándola en sus páginas personales.

lunes, 19 de junio de 2017

El entierro a la oposición a la historia de Cuba

Si tantas veces se dijo y se probó que la llamada “disidencia cubana” nunca respondió a los intereses del pueblo cubano, que jamás se formó como clamor popular hacia los cambios que demandaban al gobierno y que sus grupúsculos, vendidos al mejor postor, solo buscaban legitimarse como “opositores políticos” para usurpar la soberanía nacional, este viernes 16 de junio de 2017 tal “disidencia” ha sido asesinada por su más querido patrón: la actual administración norteamericana.

Mientras los llamados “opositores” brindan con lujuria la suspensión de la política emprendida por Obama hacia Cuba, los cubanos que aman a su patria y el mundo entero condenan a Trump. Aquella “normalización de relaciones” entre EEUU y Cuba se asumió con júbilo en toda la isla. Para todos fue -incluso sabiendo que ello era el nuevo método para destruir a la Revolución Cubana-, un buen hilo para la entrada del país al oscuro laberinto del mundo actual. En múltiples ocasiones llegó a ser el “qué bolá” y la gracia fue gustosa. Otras veces se vio como el mayor peligro a que se enfrentaba la nación. Pero la isla sonrió y saludó el desafío: su historia está plena de superaciones políticas.

Ya podrán ahorrarse sus monedas las entidades extranjeras que premiaban con jugosos galardones y pagaban proyectos, viajes y otras acciones a los “opositores”. Tales organismos los veían como ejemplos de democracia, pluralidad y ejercicio del pensamiento libre. Ahora, ante su muerte, se descubre con mayor transparencia que aquellas huestes vestidas con “derechos humanos” eran patéticos engendros en contra de la distensión y solución de los conflictos como cabe esperar en toda responsabilidad política. Solo les faltaba el gran día de su trumpada y la nación casi al completo, en su tierra y en la diáspora, efectúa el enterramiento: las lujurias, ambigüedades e ingenuidades que dañan el complejo curso de la historia cubana jamás podrán erigirse en fuerzas políticas opositoras al sueño del pueblo cubano a vivir en paz.



viernes, 16 de junio de 2017

Defendamos a los Estados Unidos de Norteamérica

Este viernes 16 de junio tendremos otra Trumpada: la decisión del presidente norteamericano para revertir medidas tomadas por su antecesor con respecto a Cuba. Como cuando decidió lanzar cohetes sobre Siria sin contar con nadie o como cuando rompió el acuerdo de París sobre el cambio climático. Las trumpadas le dicen al mundo que así es el Orden Mundial que ha de prevalecer sobre cualquier otro. Los Estados Unidos de Norteamérica ejerce con absoluta libertad, no solo el que su país “está primero”, sino que ningún otro puede ejercer el sagrado derecho sin contar con el monitoreo de Washington: el tribunal del bien y del mal.

Hasta los Grandes Medios internacionales reprochan al gobernante el doble rasero de sus argumentos que culpan al gobierno cubano de dictatorial y no a las monarquías árabes del Golfo y a otros regímenes con mayores señales dictatoriales que los que él esgrime para su actuación contra la isla del Caribe. De ahí que los actuales medios de prensa y múltiples instituciones, organizaciones, dirigentes políticos, personalidades del campo científico, empresarial, social, cultural y personas anónimas del país norteño vean amenazada, a partir de una creciente cacería de brujas que el presidente cree ver contra él, la independencia de sus acciones consagradas en la propia constitución norteamericana. Es la prueba, junto a muchas otras ya vistas, de que la nueva trumpada no va de lo que dice, sino de hacer la guerra a todo lo que pueda significar la libertad ya sea a nivel de país, organización o de individuos aislados.


Dado el gigantesco poder en todos los órdenes que ostentan las autoridades norteamericanas en todo el mundo, parece acercarse el momento en que el mundo entero participe de la solidaridad con el país de Lincoln y Whitman. En esa movilización puede estar la clave para que la libertad mundial no sea apresada nunca más por un esquizofrénico administrador, equipo de gobierno o la idea de que solo es válido lo que se dicta desde la Casablanca.  

domingo, 12 de marzo de 2017

La pregunta y la respuesta de los cubanos en el 2018


Querer juzgar la obra de la Revolución Cubana sin enterarse de lo que pasa en el mundo podría convertirse en un malogrado cotilleo. Más o menos se sabe -con mayor o menor emoción-, por los que frisamos los 70 años de edad y por los que no llegan a los 20- que en Cuba, a pesar de sus faltantes, deterioros y verdaderas agonías, -estas últimas, sobre todo, porque prácticamente habían desaparecido gracias a la Revolución-, la vida cotidiana de los cubanos discurre sin la presión vital que ahoga a tantos otros pueblos. No obstante, sabemos que esa cotidianidad cada día se va convirtiendo en un toma y daca con el gobierno que cada vez más se torna en una reciprocidad con peligro de alto voltaje. También se sabe que, precisamente, por existir en Cuba una revolución es que se puede exigir que todo debe mejorarse. Y solo hay una forma de lograrlo: mediante la persistencia de que el trabajo sirva para ello y porque esté ubicado allí donde realmente funcione para las mayorías y no con la prisa puesta para el beneficio de algunos potentados y de una clase media que ya empieza a reclamar lo suyo con indiferencia si a los de más abajo también le llega. Es que si no se comprende que la Revolución Cubana trata de esa complejidad, la confusión en el campo de batalla es general, y es en este campo tan amplio del pueblo donde se triunfa o se muere, como dijo el Ché sobre las revoluciones verdaderas. De ahí el error de sentenciar como un chantaje a quien exprese preferencia por un criterio de Fidel al de otros. Por supuesto que es una revelación de fe en quien dirigió la victoria revolucionaria cubana, pero jamás quien discrepe de él ha de verlo como una camisa de fuerza, ya que si así lo hace lo convertirá en una amenaza, y entonces sí, independientemente de quien lo esgrima y en quien se apoye, todo criterio será un chantaje al pensamiento.
Seguramente, y ahora se está hablando bastante de ello, la Revolución Cubana ha cometido y seguirá cometiendo múltiples errores políticos, económicos, culturales, comunicacionales y en toda la metralla que se le quiera enviar. Seguro que en su accionar autoritario -como ya es el término que crece para ocuparse de ella- son muchos los errores que comete quien ostente el atrevimiento de concebir una sociedad distinta a la que el mundo le ofrece y, como si ya fuera poco, exalta como un deber sagrado la solidaridad con los más pobres de un planeta que ya pasa del desquiciamiento civilizatorio para erigirse muy cerca del Apocalipsis bíblico. Se sabe -porque se ha dicho muchas veces-, que son innegables los errores en todos los ámbitos por donde pasa la Revolución. Son hechos reales que, en muchas ocasiones, se han rectificado y han llegado a formar parte de un sufrido pasado y un deslumbrante presente, y en muchas otras ocasiones los errores se han aletargado y aún embisten, pero a ninguno se les ha quitado fuelle para que no se resuelvan. Los errores en Cuba son de verdad y no trágicos ditirambos ahogados con gases lacrimógenos como sucede en tantos sitios de este mundo.
A los corruptos, la Revolución no ha dejado nunca de perseguirlos, aún cuando alguno o varios pudieron escapar y siguen haciéndolo. Todo es cierto y en cada cubano ha estado y está la suficiente sensibilidad para exponerlos y denunciarlos. Que no siempre fueron ni serán escuchados, también es cierto. Es que la Revolución, y el pueblo cubano que se ha identificado con ella, nunca podrán ser el paraíso inexistente en la Tierra. El gran glamour con que frecuentemente choca la Revolución Cubana -una gesta que aún debate su existencia frente a unos poderes desnaturalizados a nivel mundial-, está en las voces que siempre -y ahora con reforzamiento de altavoces-, le demandan lo que Dios pidió a Abraham que hiciese con su hijo: una prueba ontológica para ampararlo. Como al profeta, el autoritarismo se lo requirió a la Revolución el mismo Dios, o sea, la historia, las circunstancias de las luchas populares, y por algo que le urgía obtener sin ninguna duda: unas conquistas sociales que afectarían la gran propiedad privada. ¿O es que podemos negar que el mayor autoritarismo reside en la mercantilización del mundo impuesto por el capitalismo para impedir un cambio de sistema? Por ello ninguna revolución es glamurosa y siempre tendrá la espada de Damocles sobre ella.
¿Ahora se está queriendo y se piensa conseguir el glamour del paraíso, o al menos la realidad estimada como normal en el entorno latinoamericano con bienestar popular, política, economía, cultura, medios masivos de comunicación, libertades, derechos humanos y otros asuntos muy destacados para las mayorías cuando Cuba termine de ser dirigida por la generación histórica que fundó la Revolución y lo sea por aquellos que dentro de muy poco ocuparán esa responsabilidad? Seguramente que no, y por una cuestión muy sencilla: el glamour de las normalidades -no hablemos del paraíso-, esta vedado para las grandes mayorías mientras una revolución verdadera no triunfe por esos lares. ¿O se pretende situar a Cuba en la geografía nórdica o primermundista? Seguramente que tampoco, e igual por algo muy simple: los nórdicos y los primermundistas -no siendo la solidaridad su mejor virtud y mucho menos ahora que también a ellos les ha empezado a escasear el bienestar- compartirán muy poco a no ser que reciban por ello los frutos de la compraventa, la corrupción y las limosnas.
Dadas las delicadas y sumamente importantes situaciones a que Cuba se verá abocada el próximo año, la divulgación de los significados de la Revolución como procesos humanos que, ya de por sí conflictivos, aumentan su conflictividad por el mundo hostil que los cercan, se hace impostergable. Si se llega a los sucesos venideros con un pueblo desarmado de razones, se le tendrá organizada a los enemigos de siempre la fiesta que ya están ensayando. Es cierto que los revolucionarios no siempre somos lo suficientemente amables entre nosotros mismos y que el valioso trabajo del análisis crítico no pasa por su mejor desenvolvimiento. Pero también es cierta la encendida polémica entre los llamados oficialistas, a quienes se les tilda de extremistas, y los llamados alternativos, indicados como centristas o hipercríticos. A veces las dos miradas son dominadas por la ceguera. Por suerte, no reflejan una lucha por el poder en Cuba ante el inminente traspaso de poderes, pero sí que la alimentarán si no se percatan de que ese es el objetivo de las fuerzas externas junto a la autotitulada disidencia interna. Quizás saberlo sea suficiente para no convertir en héroes a los Testigos de Jehová porque estos nos reciben en los malos momentos, como tampoco para visitar las casas especializadas en otros jardines para sembrar lo que no se nos deja cultivar en las nuestras. A la larga nos serán adversos si decidimos compartir todas nuestras semillas. ¿O es que solo cuentan las de ellos? Si nos va a pasar lo mismo que ya tenemos en casa, ¿para qué recibir o visitar a los extraños?
En tiempos tan cruciales para Cuba, la elección entre un socialismo autoritario y un socialismo más humano es una patraña para anularnos. El rostro humano de la vida es una balanza donde las contradicciones se endulzan y nadie ignora que las dulzuras del capitalismo son decididas por y para unos pocos. El Socialismo en Cuba no puede ser un hechizo iluminado en un santuario ni una restregada paroxística en un parque, y aunque su construcción esté plagada de múltiples sacudidas, solo será socialista si estas son dadas por las grandes mayorías y su dirección es el destino natural de la civilización humana: la renovación perpetua sin desaparecer en los pantanos de la inocencia. Levantar sociedades humanas de la ruindad y el vacío en que se encuentran repartidas por todo el orbe será siempre la cúspide de los soñadores y los realistas que desafían a las nubes y a las ventoleras para llegar a ella. Si el pensamiento mayoritario es ese, se verán las caras de su construcción, y entre soñadores y realistas se mirará en el 2018 cómo está la montaña que vimos en 1959. Será de ellos la Revolución, la pregunta sobre cuál es la tierra más buena para todos sin estar en el limbo, y también de ellos será la respuesta, y los trabajos y los días y las metamorfosis y los eclipses y los sueños y las realidades imprescindibles para alcanzar la cumbre.

martes, 28 de febrero de 2017

Los dedos en el fuego (Notas críticas sobre un libro entre Cuba y España)

Cuenta el libro de cuentos “Ópera Bufa” (Editorial Pliegos. Madrid, 2016), del escritor cubano Rafael Zequeira Ramírez, con todas las herramientas de un culto orfebre del lenguaje y de un creador temerario con la narrativa. Ambas profesiones buscan revelar, según sus platos precocinados, la atmósfera ruinosa donde se desenvuelven los ambientes coloquiales cubanos junto a ciertas posturas españolas. Lejos de que el autor recree la cotidianidad conflictiva en el juego satírico cubano en relación con el español, su dirección se acerca a la lujuriosa marcha de la diatriba anticubana puesta en un atractivo panorama de la antigua metrópolis y que le funciona como comodín del librepensamiento contra Cuba. Justamente por las verificaciones “cansadas y aburridas con la cubanología”, el talento literario del escritor expande la frondosidad de un estilo que, rozando la pomposidad con la sabiduría, se tuerce y da vida a una criatura bipolar. Posiblemente por ese rictus de sufrimiento que percibo en el libro, escribo estas notas. Creo que los cubanos debemos aprender la utilidad de buscarnos más, aunque sea a través de encuentros fortuitos, como lo son una de las constantes de esta obra.

Podemos leer en la contraportada del libro que “su mayor mérito consiste en presentar de forma amena, incluso entretenida, esa realidad de ruina, vacío y desilusión, en que se ha convertido la vida cubana de las últimas décadas, entretejida con personajes e historias de la España contemporánea”. No resultaría contraproducente con este “mérito” si no observáramos un serio interés en hacer una autopsia, lo más amplia posible, a la “inutilidad” de la Revolución Cubana sin tocar de frente y con los ojos abiertos la realidad española. Asimismo puede verse que amenidad y entretenimiento se erosionan por la exacerbación de conocimientos alrededor de los hechos narrados. Cuando se sigue leyendo en el mismo sitio que “la literatura, si lo es de verdad, tiene sus propios objetivos y caminos; la política, los suyos, y casi nunca resulta afortunado mezclarlos de tal forma que acaben convertidos en un café con leche insípido”, puede entenderse que Zequeira sabe, como todos sabemos, que si se escribe ficción sobre Cuba para condenarla -o alabarla-, la contaminación de la literatura con la política está garantizada y solo hay que esquivar la insipidez mediante un suculento experimento literario para que el “café con leche” salga distinto y no la mezcla que él degrada.

Tanto en las parcelas de alta creatividad como en los efluvios humorísticos de corte bien popular, ya existentes en la literatura cubana de hoy, el escritor emprende la ruptura de la base argumental en los cinco relatos que componen el libro. Es consciente y está dispuesto al sacrificio, pues cree -en su rotunda imaginación- que así puede aparecer en toda su belleza formal el incisivo bisturí que sus intenciones políticas procuran y, echando abajo la estructura ingenieril con que crecería su obra, apuesta por el vacío para que se yergan las obsesiones detectivescas que lo agobian. Extraño “tour de force” en quien sabe manejar las armas tropológicas. Ni Rulfo con su brumosa Comala, ni Auster con su laberíntica Nueva York, pudieron concebir el levantamiento de sus obras destruyendo sus piedras angulares, al contrario, reforzando los cimientos fundacionales de sus historias lograron enriquecer circunstancias y puntos de vista multidimensionales que engrandecieron sus libros. Zequeira descompone el tiempo, el espacio, los conflictos, los ritmos, al propio narrador, los personajes y hasta las mismas expresiones que piensan o pronuncian. Incluso desconcentra cualquier concentración que el lector podría tener con los sucesos y martirizándolos halla la corrupción que le interesa: cómo la realidad cubana, enfocada en sus peores situaciones y dialogando con la realidad española, plasmada en apuntes de ilusorios proyectos y ligeros exabruptos disolventes, supera a las diez plagas de Egipto.

Apenas pasa una página en que no aparezca alguna relación directa o referencia obligada a la “perversión”, “aberración” y hasta “el abandono de toda esperanza” -subrayando infaustamente al Dante-, con que el artista desgarra la vida cubana. Tal conteo no tendría ninguna relevancia si ello no contribuyera a fulminar las temáticas vibrantes que se esbozan en la relación Cuba-España basada en los hechos que asumen los personajes. Pero Zequeira rehuye poner los dedos en el fuego de esos contenidos y ahoga la “palingenesia indiscutible” de la literatura que nos dio a “Pedro Páramo”, la “Trilogía de Nueva York” y tantos otros títulos más donde se desnudan las imprevisibles quemaduras con que las obras y sus creadores descifraron el enigma del oráculo. Quizás por la insistencia tan pertinaz en el trueque entre literatura y política que el autor ensaya, como si emulara con Montaigne, los diálogos interiores que fluyen copiosamente entre el narrador y los contrapuntos de los personajes, y que a tantos escritores, después de Joice, los llevaron a crear sofisticados hallazgos en la trama y sus intervinientes, se quedan sin la sustancia necesaria de relato en relato. Zequeira, en búsqueda incansable para superar esas técnicas, investiga cómo cimentar la suya entorpeciendo -continuamente- y -finalmente- diluyendo todas las historias que narra. Pero como debe sostenerlas con troncos fértiles, les aplica unas frecuentes digresiones que constituyen una recia celebración de la palabra.

Consciente o no del riesgo por el que se adentra su dilema literario-político, Zequeira se acoge a su libre vendaval anticomunista y azota a la añorada isla, pero ya los vientos están pasados por el tamiz de una escandalosa ingenuidad del escritor y decaen. Por suerte -o por la intrepidez de su talento con la escritura barroca-, emergen con abundante resonancia las mejores intuiciones de su creatividad. Así, él eleva al máximo disfrute de la sintaxis la conversión del “misterio insondable de la arquitectura” en la Catedral de Santiago de Compostela a una masturbación lésbica en un destartalado tren que cubre el trayecto Camagüey-La Habana, y entre otros ágiles detalles, pasando por Lutero, el Muro de Berlín y una sueca venida a menos, se destaca “la locomotora Rocket de vapor, diseñada y construida en 1829 por George y Robert Stephenson, padre e hijo, como un homenaje anticipado a los Beatles”, que luego en términos sexuales será un “juego bucal con la locomotora de Liverpool”. Pero, ¿es el “vaso de whisky” que cubre el trayecto Madrid-Santander, porque “los trenes funcionan bien”, la metáfora de la España contemporánea? No, es más bien la caricatura ideal que alienta las constantes del “sexo”, “el viaje” y otras controversias entre Cuba y España que recorren el libro y donde sale a flote la inmensa cadencia del verbo que Zequeira domina con inusitada perfección. Y con esta, como toque eufórico y deprimido de un escritor que busca donde arraigar sus delirios, se desvaloriza la relación entre los dos países y aquello de que en Cuba “la vida entera se ha convertido en una gran mierda” resulta el mayor -y el peor- lugar común de todas las historias. Con tales desatinos se sirve en bandeja al lector la extenuación para que llame a Billie Holiday “por su verdadero nombre, Eleanora Fagan”.

Zequeira abusa del furor informativo en la expansiva ironía que le es tan grata, en el cáustico humor de su arsenal lingüístico, e increíblemente enmaraña, con pueril vehemencia en los espejos de la cultura universal, el saber enciclopédico junto al desbordante y retador ánimo lexical que cultiva, y culmina su ardua maniobra literaria haciendo desaparecer, sin la simbología del buen dinosaurio de Monterroso, a todos los personajes en un magma de sonambulismo donde está prohibido despertarlos. No obstante, se entiende que la literatura, “si lo es de verdad”, aunque se lleve a otros campos, nunca se corrompe del todo. Así, “Ópera Bufa” también destruye el repetitivo cuento de las “infernales” problemáticas cubanas. Y aquí merece Zequeira, aunque no lo exprese ni participe de tal ideario, una gran salvedad: tanto él como sus lectores, nada insípidos, saben que los infiernos son recurrentes donde quiera que estemos y que la isla también los tiene, pero, para gran suerte de su pueblo, con una bajísima dosis del horror que tanto espanta en América Latina y se esparce por el mundo llamado “libre”. Finalmente resulta curioso que Zequeira, en vez del Fígaro de Mozart, encuentre al barbero de Rossini, puesto que el primero eligió, de las dos comedias de Beaumarchais, aquella donde el punto de vista es el de los sirvientes, mientras que en la otra es el de la aristocracia. Quizás por ello el libro incita a erotizarnos en los cangilones del río Máximo a su paso por Sevilla con el tan disputado “café con leche”

jueves, 16 de febrero de 2017

El laberinto de la culpa

Si no entendemos que la vida pasa y siempre se lleva algunas alegrías para demandarnos otras, nos quedaremos sin palabras. Necesitamos compartir con amplios sectores de la población la creación de nuevos entusiasmos. De no conseguirlo, no seremos oídos, ni leídos y mucho menos tenidos en cuenta para que la verdad no sea tan aburrida y solamente nuestra. Nada nos aporta consagrar una unanimidad si nos expulsa del tiempo que vivimos. No aceptar la multiplicidad generada por la propia firmeza en los principios revolucionarios es estancar la gloria vivida. Cuba no creó escuálidas mentes parasitarias y siempre, mayores o menores, tendremos enemigos. De ahí la urgencia que sea la misma Revolución quien, por conciencia de sus razones e intentando librarse de todas sus corrupciones, reciba todos los pensamientos, argumentos, matices e inteligencias -definidos por la hondura de la honestidad-, que buscan entrar al bastión de la Patria porque sus corazones no le pueden permitir el silencio.

Igual que el sistema capitalista blinda su estabilidad con las llamadas democracias, su cuerpo jurídico y unas instituciones casi invulnerables, Cuba y su Revolución han de proteger su sistema de construcción socialista sin que nadie pueda torpedearlo con una iniciativa propietaria. Ya sabemos que es muy complicado establecerlo en medio de las transformaciones en curso donde podemos encontrar de todo, pero la necesidad de consolidar su estabilidad con todos sus defensores es proverbial, aunque al igual que en el otro sistema haya que enfrentar las encrucijadas peligrosas que nunca estarán ausentes de toda construcción humana.

No se puede estigmatizar a la Academia, a las voces discordantes o a unas nuevas generaciones con impulsos moncadistas. La Academia debe fortalecerse, la discordancia es una de sus raíces, y a los estrenados barbudos les seguirán creciendo las barbas. Si no organizamos los felices encuentros que necesitamos, toda la verdad en la que andamos nunca se reconocerá en un mutilado paisaje. De no asumir nuestro más riguroso compromiso con las ideas que nos nutren, Fidel nos lo seguirá recordando:“Esta Revolución puede destruirse; nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.”

Cuba existe por sus significados, y si estos no son bien compartidos, Cuba puede entrar, ya sea por rasgos de imposiciones arbitrarias o por vanidades intelectuales, a un laberinto de imprevisibles responsabilidades. Entonces la historia cubana -y sin que lo quiera ninguno de sus ejecutores-, producirá la culpa: que la formación social más alta conseguida por un país tercermundista -y sobrepasando en muchos aspectos a otros países engreídos del Primer Mundo-, se convierta en la fuerza más destructiva de una Revolución. Es por ahí donde cualquier teorización o belicismo con la supremacía del pensamiento revolucionario puede hacerse culpable. Y el pueblo cubano -un pueblo mil veces heroico-, jamás tenderá la mano a la culpa que suspenda la volátil fiesta de la vida.

sábado, 11 de febrero de 2017

Podemos puede triunfar si aprende en qué proceso de la lucha se halla

El debate de cuatro proyectos de trabajo, con distintos enfoques y candidatos, ocupa la actualidad de Podemos. La mayor parte de la prensa y gran parte de los militantes califican a este evento como rivalidad en la lucha por el poder. No debería considerarse nocivo para la salud democrática de las luchas populares que abunden proyectos y liderazgos para el triunfo de ellas. Tal paisaje es el mejor panorama para indicar la defensa de la libertad y los principios revolucionarios en las ideas de izquierda, pero este paisaje es torpedeado por el, llamémosle `exquisito', panorama de las fuerzas de la derecha con las incombustibles `unidad', `satisfacción', `seguridad en el poder' y `una batalla ganada'. Si la izquierda sigue creyendo que ya está en el momento crucial de abrirse al abanico de sus postulados más legítimos, la derecha seguirá venciéndola hasta en la más simple de sus decisiones, como puede ser el que no logre entender en qué proceso de su lucha se halla.

La experiencia de las luchas cubanas tiene mucho que aportarle a la izquierda mundial. Como dijo el Ché, “al imperialismo, ni un tantico así”, y cuando decimos `imperialismo' nos referimos a todo pensamiento acorde con él. El triunfo de la Revolución Cubana se debe a la fidelidad a ese principio guevarista que se sostiene en que la libertad y la democracia imperantes en el mundo de hoy solo existen para unos pocos potentados y sus servidores ya conformes con su vasallaje. Ese es el imperialismo y no solo quien lleva el nombre. Sin la liberación de esas cadenas de historias humanas, condenadas a la enajenación por el pensamiento imperialista, resulta imposible que pueda implantarse algún día la libertad y la democracia para todos los miembros de la sociedad.

La unidad, la fidelidad a un liderazgo bien visible y el seguimiento a una forma de lucha probada con el éxito de la simpatía colectiva son los aspectos fundamentales para la victoria de la izquierda. Si Podemos no lo practica será imposible que triunfe.

viernes, 10 de febrero de 2017

Jugando a ser inocentes (Notas a la película argentina `El ciudadano ilustre')

No siempre nos encontramos con películas que, en la caracterización y el proceso vital del personaje individual protagónico junto al entorno, compuesto de diversos personajes que conforman el antagonista colectivo, produzcan un cambio radical en el punto de vista del espectador como en esta magnífica obra fílmica que, más allá de sus méritos artísticos, nos invita a la reflexión, al debate y al dificilísimo trámite del diálogo para el cual, si predomina la sombra, la ingenuidad y las miserias humanas que pueden perseguirnos, los intervinientes no pueden efectuarlo.

Indagando en la tarea social del artista y en la interpelación con que le funciona la realidad, la historia contada por la película argentina es, cuando menos, un cuestionamiento de la asepsia del arte y su conveniente interpretación de los hechos. Debatirla puede ser muy energético si en él la verdad no se distorsiona en los diversos puntos de vista sobre la realidad. Si tal distorsión se produce, el debate se trunca y solo pellizca el diálogo.

Tenemos dos momentos claves: cuando el protagonista, ejerciendo de jurado en un concurso de pintura privilegia la realidad sobre el arte y premia un cuadro por una percepción que nadie percibió como artística, y cuando el pueblo, convencido del espanto en que su ilustre hijo lo concibe, comienza a realzar la cobardía y el cinismo del artista y lo caza como una vulgar rata del monte.

Argentina, un país con su primermundo agotado y en pleno ascenso tercermundista, vuelve a recrear su paradigma fundacional: el conflicto entre la civilización y la barbarie. Exprimiendo esta tragedia, el film explora la confusión general que vive el mundo con este conflicto y lo ejemplifica con el abandono y la marginación con que las políticas mercantiles enajenan al pueblo. Ello explica el desvarío intelectual del artista con sus ficciones. ¿Es que todo puede ser, manejando magistralmente el suspenso, una jugarreta del arte con la verdad que, al ignorarla, nos expulsa de la realidad?

miércoles, 8 de febrero de 2017

Nuestra libertad es verdadera (Comentario abierto a Javier Gómez Sánchez en su post “Una respuesta para La Joven Cuba” publicado en el blog La pupila insomne)


Compañero Javier -sin el más mínimo retintín-, e igual a como estimo y quiero a Jose, de Cubainformación de Euskadi, a Iroel, a Luque, a Enrique, Desiderio y a muchos más que publican en La pupila insomne, a Harold, a Jimmy, a René Fidel y a otros que publican en LJC, o a Julio César Guanche, que ha estado, o está, hace un tiempo que no sé de él, publicando en Cuba Posible, uso el mismo término para todos, y ahora, Javier, para compartir contigo mi criterio de que este intercambio de opiniones en que nos involucramos no es ningún juicio.
Sé perfectamente la posible inconveniencia que mi posición puede generar, ya que algunos pueden dar por hecho que me sitúo en “el centro” de todos los nombrados, pero no es así, para nada es así, y nunca he dejado de tenerlo bien claro: estoy junto al Partido Comunista Cubano, junto al Gobierno Cubano, junto a todas sus organizaciones e instituciones y, sobre todo, junto al Pueblo Cubano, el máximo garante de la Revolución Cubana. Todo lo que me aparte de esto, lo rechazo, pues no encuentro ninguna salida para Cuba fuera de lo que la hace tan inmensamente hermosa y posible en medio del desastre mundial. Y como es natural, ello incluye también hasta los que se equivocan según mis reflexiones, porque, sencillamente, los considero revolucionarios y para nada contrarrevolucionarios. Pienso que ahora, más que en cualquier otro momento de nuestra historia, el valor de la individualidad sale reforzado en su compromiso con los significados de Cuba. Y decir individualidad con estos significados es reconocernos en nuestras capacidades para el diálogo imprescindible que en muchos aspectos nos demanda la actualidad cubana. Todo lo demás -estimo-, es residual.
Creo, y escribí, que el post de Luque “Un episodio censurable”, a raíz de publicarse en La pupila la versión original de tu artículo “Las páginas de la Revolución (Texto completo en su versión original)”, debía servir para ese diálogo y si no servía, no era lo que necesitábamos. Te digo a ti, Javier, lo mismo que le escribí a Harold a raíz de que él publicara en LJC “El pretexto de la censura”, su versión del asunto: Debemos alegrarnos que resolvamos, aunque no sea la mejor forma que -estimo-, has elegido para celebrar la alegría del diálogo que efectúas. Lo más fructífero -estimo- hubiera sido un debate acordado también con Iroel, de manera que entre los dos blogs, La pupila y LJC, se manifestaran ampliamente los argumentos que amerita la ocasión.
Seguramente, Javier, como nos puede pasar a todos en cualquier momento, olvidas algo. Para mí, en todo lo que tratas, es de puntual recuerdo tu artículo, bastante reciente y publicado en LJC, “La unidad necesaria”. Sobre él, o con él, pues te cité completo, escribí mi artículo-análisis “Las rosas cubanas”(Cubainformación, 26 de octubre de 2016). En él te rebatía prácticamente toda tu argumentación en cuanto a la unidad revolucionaria, el Partido, el Gobierno, la Prensa, la Política, los “independientes” de “barrio” o de la misma LJC por la que exponías todo lo que escribiste en ese post y que, para mí, resultó totalmente equivocado. Pero no por eso dejé de entender que eras un compañero. Ahora, cuando tú respondes a Harold como lo haces, te sigo teniendo como un compañero en la misma tesitura que lo tengo a él. Ambos tienen unos puntos de vista diferentes a los míos y ello no impide que podamos trabajar juntos por Cuba. Posiblemente tú tengas ahora la razón y Harold esté equivocado, pero posiblemente también pueda ser al revés, y yo, entre ustedes dos, el más equivocado, pero los tres estamos en el mismo frente. En fin, amigo mío, la Revolución Cubana nos dio y nos sigue dando el mayor privilegio del mundo: nuestra libertad es verdadera, con todas las satisfacciones y consecuencias de creerlo.