viernes, 17 de enero de 2020

Los dioses de los leopardos




Un libro hermoso es el “Soliloquio del leopardo y otros cantos”, de los cubano-estadounidenses Emilio Fernández de la Vega y José Bedia, editado en el 2016 por la mexicana Universidad de Nuevo León, y que se me presenta como un conjunto interrelacionado de poemas e ilustraciones entre los dos creadores donde el escritor, a pesar de decirnos que son ‘viejos poemas no nacidos’, puso sus líneas para que el pintor, a pesar de no conocerlos, pusiera sus palabras. Y por este magno descubrimiento que ya dormía en ellos, se iluminó esta obra a dos.

Como cualquiera otra belleza en la literatura y el arte, en esta habitan todas las conjeturas, y para mí, quizás en un antojo del dócil aficionado a leer y mirar el asombro que me conmueve con este libro, siento las huellas de Rainer Maria Rilke y Paul Klee allanando una floresta que airea a la poesía y a la pintura de mis dos autores con la sencillez y gracia de las culturas primigenias. ¿Acaso los ritmos de la tonalidad de la lengua alemana y las líneas que vertebra uno de los pintores principales en esa habla pueden notarse en estos versos e imágenes?

Igualmente podría señalar las coordenadas del poeta del castillo en la versificación que se manifiesta en algunas obras de autores cubanos y estadounidenses, como es el caso de Reina María Rodríguez y Alex Fleites en la isla y de Langston Hughes y William Carlos Williams en el continente. Y lo mismo con el pintor de Praga para la abstracción figurativa de Pedro Pablo Oliva y Moisés Finalé en Cuba y de Peter Peri y Tomori Dodge en Estados Unidos, y de las que, en segunda instancia, imagino también bebieron Emilio y José. Y voy de dos en dos porque dos son mis leopardos hermosos, pero igual podría irse de 20 en 20, dadas las rápidas corrientes de conocimientos e influencias que reinan en el medio ambiente. Todo es posible, pero hay más en los versos y en los trazos de nuestros suculentos artistas.

La firmeza del verso incluye las rupturas de su significado y conforma, mediante la alteración de la emotividad y el raciocinio literal de las palabras elegidas, la unidad de la estrofa y el sentido de todo el poema con sus significantes bien amaestrados. Y en el dibujo puede observarse lo que hace la danza contemporánea a partir de retorcer los movimientos de los bailarines y devolverlos a su origen natural, simple y parabólico. Por ello los trazos del pintor adoptan la geometría de las líneas que se hacen curvas. onduladas y se rasgan sin esfuerzo para construir un cuerpo, un arbusto, una casa, una patria, en todo el espacio en blanco donde los aloja. Poeta y pintor se acompañan en un viaje que necesariamente se parte en algún insólito rincón de sus obras y siguen su feliz existencia por separado.

Recuerdo a Rilke en sus ‘Elegías de Duino’ y recuerdo a Klee en su ‘Casa giratoria’. Tanto en el castillo que el primero consagró como en el museo de Berna que le consagraron al segundo, los soliloquios de los dos estupendos leopardos -del libro que me ocupa-, acechan y se rompen para concebir la esperanza, paródica e ingeniosa, de un buen regreso a la patria. Porque, ¿acaso, en la temporalidad de la belleza, la poesía y la pintura no viajan a todas las lenguas y a todos los vacíos en busca de eternidad?

Por ese abismo de calidez humana donde vibran los dos artistas, también transitan muchos, y entre estos, Fernando Pessoa y sus heterónimos junto a Jean-Michel Basquiat pasan con toda la desnuda fuerza de un escándalo social. De la misma manera resalto la larga tradición de unión en todas las artes entre los cubanos. Era la década de los 80 y para mí se reveló el encanto de la Revolución que vivíamos en la isla. No puedo olvidar el espectáculo “Este himno, la vida”, inspirado en un cuaderno del poeta Waldo González y elegido para un montaje que concebí y dirigí en el Teatro Nacional de Cuba con poetas, pintores, músicos, danzantes y actores. Allí sucedió un milagro: el duelo de dos solos de batería dando entrada a la soprano Alina Sánchez que tarareaba un trozo de las Bachianas Brasileiras de Heitor Villa-Lobos y que ya tocaban un grupo de violinistas mientras una pantalla reflejaba el universo onírico del pintor Ever Fonseca al tiempo que varios actores interpretaban, desde el lunetario y otros sitios del edificio teatral, versos de numerosos jóvenes poetas cubanos y la bailarina y coreógrafa Marianela Boan, desde el escenario, ejercía el don de todas las Artes con sus suaves, circulares y raudos desplazamientos.

En la obra de Fernández de la Vega y Bedia -a diferencia de aquel alegre espectáculo orgiástico y orgásmico-, desde el principio del libro con la cita de Emil Cioran, “No existe posibilidad alguna de salvación fuera del ser puro, tan puro como el vacío”, y con el primer poema, “1948”, junto a las obras interpretativas, realmente de creación muy individual del pintor con lo que oprime al poeta, vemos al hombre hundiéndose en la isla -en la cita-, con el hombre regresando a la casa de donde salen las aguas de sus viajes -como inicio del libro y sin texto-, y la cama de la madre pariendo al premonitorio viajero que ya sueña burbujas con alas de pájaro en calma detrás suyo -con el poema inicial-, se desencadena una sexualidad que recorrerá toda la obra cargando la nostalgia, el dolor y hasta la impetuosidad salvaje del deseo sin culpa que vibrarán siempre en el discurso poético, en el trazo pictórico y se sintetizarán con este verso: “Mamá enarca una ceja y respira suavemente sobre la cama”. Así, entre sucesiones y desprendimientos de límpidas metáforas que a veces solo son unos versos, pasan las “98 mujeres y una revolución” con las que el poeta “se acostó” y va hablando “Ahora sí la quiero./ Porque logré saborear su alma”, -en “Ahora sí la quiero”, pag 19-, porque el trashumante lo siente en “Y regreso, desando el camino/ hacia ella como potro excitado/ en pos de su amor imposible” -en “Amor no correspondido por la patria”, pag. 23-, y se explica por “Debí confesarte que soy un sonámbulo,/ que sueño a toda hora y en cualquier/ lugar y que nunca he logrado despertar”, -en “Debí advertirte”, pag. 35-, porque ya sabía que sería “un desertor del paraíso” -en “De vuelta”, pag. 45-, y ha de sentir “El amor sudando sobre el mural de los días” -idem, pag. 47-, para saber que combatiéndose toda falsedad ante Él, es el “Único modo de combatirlo:/ combatiéndonos”, -en “Él es nosotros”, pag. 49-, y llegando al vacío a pesar de la incertidumbre que le da su belleza, ahora se confiesa con “Te amaba sin amarte en un allegro con brío/ el duro arco bajaba, subía, escalaba/ al débil agudo de la saliva donde/ una lluvia inclemente azotaba los tejados”, -en “Entre tanto”, pag. 61-, para llegar a intentar explicarse porque “En general, si tuviera que explicarlo,/ no estoy seguro de hacerme entender,/ pues más que saberlo lo siento”, -en “Lo que sé” -pag. 83-, y a punto de terminar y casi sin pensarlo, suelta toda su fragilidad solitaria “y le clavo mi puñal de viento” -en “Los mediocres”, pag. 85-, donde curiosamente el pintor parece agotarse con las palabras y las calca en el dibujo. ¡Es que aún faltan tantas veleidades del poeta con el sexo y otros encantos fraternales! En fin, les dejo todo el poema “Pobre Europa” -pag. 103-, donde nuestro falso desertor observa el más falso de los paraísos, y también todo el poema “Historia del amor infortunado” -pag. 159-, donde nuestro leopardo en crisis con todas sus luchas sabe que “solo a una regresaría hoy” mismo. Porque no hay nada en este libro donde el magma de la sexualidad no se manifieste, y es ahí donde reside para sus autores el ave de la bienaventuranza.

Si Emilio y José, para alcanzar su presa, escribieron e ilustraron partes de un propósito interior e identificativo, antes hubieron de sumergirse en el silencio que regresa al útero materno, a la casa y al amor más sublime que los hizo más arrogantes y perversos por crear siempre para los dioses que los atan a ellos antes que ellos los arrastren.

sábado, 4 de enero de 2020

ERC en su encrucijada y en la de España

Parecía que no podía suceder y sucedió: ERC, por su legendario sueño independentista, se alió con la derecha catalana a convertirse, por sus rumbos innombrables, en un camino más radical que el de la confusa CUP. Pero los contenidos del lenguaje sobre derechas e izquierdas siguen vigentes y nos dan un nuevo bautizo: ya no hay Mesías ni ovejas, sino conciencias que se despliegan para cuestionar la política que entrega la democracia, el Estado de Derecho y la libertad a la buena salud del sistema capitalista. Y muchos, muchos catalanes, como si su idiosincrasia les prohibiera entrar en interrogantes que se les hacían muy extrañas, padecieron la pesadilla de oírlas y las pospusieron para poder creer que sus reivindicaciones eran suficientes.


Los líderes siempre piensan alto y, ante una situación de alteración colectiva, pueden creer, con una astucia ficcionada y el tronar soñador de los dirigidos, que los objetivos estaban ‘a tocar’. Así, sustituyen a la imaginación por un grito unánime: ‘Ara és l’hora’. E incluso, despertando con la caída, abanderan la actualidad con el eufemismo de ‘aquí no se hizo nada en realidad’ mientras el Mesías busca en las brumas europeas las respuestas que avalen su gloria.

Viendo lo vivido, algunos siguen creyendo que Catalunya es ‘un solo pueblo’ y que sus buenos hechos durante el ‘procés’, que los tuvo -e igual de malos- solo fueron ‘un símbolo’. Como si la vida en estos últimos años hubiera transcurrido en el éter de Ítaca. No, así no se degradan la coherencia ni las consecuencias asumidas. Sí, hay que aclarar y rectificar muchas cosas. Esto es lo que los ‘indescifrables nombres’ con quienes ERC gobierna Catalunya no lo consideran vinculante. Pero ERC, madurando políticamente por sus largas luchas, empieza a realizarlo: apuesta por dialogar con una España de izquierda casi igual a ella. La jugada más arriesgada de su historia, pero también el avance más real para el sueño independentista y la imprescindible solidaridad entre los pueblos.


viernes, 20 de diciembre de 2019

La Galería de Arte de Ontario y el oportunismo político





Como en otras excepcionales urbes del mundo, la canadiense Toronto y su Galería de Arte de Ontario (AGO) también usa las grandes obras maestras del Arte para la deconstrucción de las esencias populares y humanistas de un museo y lanza el mensaje de su agotamiento artístico mediante la promoción de obras mucho menores del Arte Contemporáneo.

En la riqueza de AGO, se exponen, desde las tallas en marfil de los primeros cristianos etíopes hasta el descubrimiento de la perspectiva flamenca del siglo XV y el empuje hacia las vanguardias dado por Cezanne en la pintura y Rodin en la escultura. Pero tal y como están en su mínimo destaque, las obras se despojan de su genialidad y, en el clímax de la anomalía con que se exhiben, nos recuerdan a las grandes catedrales medievales que nos empequeñecían ante el máximo poder de su época.

Hoy, todo aquello desvalorizado en su relevancia fundadora pero muy rico en Christie’s, le incorpora a los visitantes, también desde alturas ciclópeas, la estulticia de volver a arrodillarse ante el puñado de monedas que se obtiene con la soberbia escalera de AGO, aunque ella solo sirva para ningunear la atracción de las masas. Y es en la atracción donde el mensaje dominante remata lo vivido con una exposición hecha a partir de suelas de zapato y otros accesorios de marcas comerciales que, sin el valor artístico de una enjundiosa instalación que domina la Sala de Arte Contemporáneo y donde todo está calcificado en varias estanterías, AGO promueve el fetichismo artesanal de las piezas de moda y nos ofrece su performance por todas las Salas del museo para el mejor instante con las cámaras.

Así, los grandes rascacielos de Toronto, como las grandes catedrales en el Medioevo, nos llaman a la más tonta de las selfies en lo poco que significamos para ellos. AGO nos ha hecho, con una muy bien pensada manipulación, vivir el mayor espectáculo del oportunismo político de hoy: no existe la grandeza del Arte, sino el poder en que cada época reduce al ser humano

domingo, 15 de diciembre de 2019

TeaTroCasArt o los goces del instante




Todos queremos salvarnos entre la furia y la ternura del mundo que se nos va agotando, pero cuando la salvación elegida busca que otros también la encuentren, la furia termina y comienza la ternura. Así es el recinto amado de Malena y Miquel en la ciudad de Barcelona. Un piso del Eixample con una amplia terraza y un pequeño salón para que toda auténtica presencia ejerza el hermoso delirio de su creación, su interpretación o su investigación. Igual en forma de conferencia como del efímero acto. Es TeatroCasArt a las 6 de la tarde del penúltimo sábado de cada mes.

Seguramente la ciudad tiene otros rincones parecidos y hasta quizás yo dulcifique el del carrer Muntaner, e incluso le imponga mi visión, pero es el de Cuba y Catalunya imaginadas como umbrales de concertación. No obstante, nadie tiene voluntad para discursos o asociaciones. Prima el imperio de la creatividad, la disertación y el debate con ánimo de comprendernos y, entre la chanza y el asombro, se van demoliendo algunas rupturas que, en su inútil alzamiento de muros infranqueables, nos recuerda la imperfección que somos y mediante la más relevante espiritualidad nos llamamos a sanarnos lo que tengamos que sanar y expandirlo al sol de la tarde para su brillantez en la noche.

Solo hay que llevar algo para comer y tomar juntos al final de la entrega eucarística, después que alguien ofreció el cuerpo y la sangre con que quiso amarnos y luego a los demás nos toca celebrar el ritual de regocijarnos con la persona de paso y vivir con ella la transparencia mutua que llevamos. Y no hay más, salvo que en ese momento, más festivo y relajado, es donde más se cuida el buen cauce de la amistad que pasa, de la mera expresión individual a la mirada de conjunto, o mejor dicho, al nido en que finalmente aparecemos todos con nuestras lágrimas, nuestras sonrisas y enaltecemos el viaje de la furia a la ternura. Una tontería quizás, pero también el privilegio de compartir la supervivencia de la fraternidad en un encuentro improvisado.



martes, 3 de diciembre de 2019

Cuba en el Gran Teatro de Estrasburgo



Cuba y los cubanos damos gracias a los euro-parlamentarios que consideran que Cuba no es Colombia, donde son asesinados casi a diario activistas por los derechos humanos; que no es Brasil, donde, además de incendiar la Amazonia por privilegiar intereses privados, se resuelve la pobreza en las fabelas matando a su gente; que no es Chile, España, Ecuador o Francia, donde se reprimen brutalmente a sus pueblos; que Cuba no es tampoco EEUU, donde los crímenes por la libertad en el uso de las armas y el crecimiento de la colonia penitenciaria con afroamericanos e hispanos es galopante; que Cuba es otra cosa.

Quizás tengan una razón muy grande los euro-parlamentarios, pues en Cuba no suceden esas terribles cosas que dominan a tantos países para desgracia de sus pueblos. En Cuba, y debemos agradecerles a estos diputados que nos repitan que en la isla todavía no hay democracia, ni derechos humanos, ni libertad, sino que todo eso está en la más exacta construcción como en muy pocos países de nuestro doloroso planeta esquilmado y condenado a desaparecer si no desterramos el negocio con su muerte. Por esas y otras tantas faltas del mundo que Cuba no comete, para el gobierno de la isla y los cubanos debe ser un honor que nos recuerden, que nos entreguen tantos Premios Sájarov a la libertad de conciencia y que, en definitiva, nos obliguen a no dejarnos acosar ni obstaculizar nuestra construcción de la democracia que privilegie al pueblo y no a los mercados.

La resolución contra Cuba del Parlamento Europeo constituye un hito histórico en el momento actual: antes de preocuparse por tantas bestialidades que suceden en el mundo, vuelca su mirada hacia Cuba y sus ingentes esfuerzos para construir un país libre, colaborador y feliz con el mundo sin ser Bolivia, el país, política, social y económicamente más estable de la región hasta ayer y que de un zarpazo lo empezó a perder todo por el zafarrancho sistémico donde buscan enriquecerse aun más los ahijados del Gran Teatro de Estrasburgo.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Evo Morales, el litio y la bolita magnética del colchón


Suena el teléfono fijo, pero sigo escribiendo... ‘Evo Morales dijo que en el futuro el precio del litio lo pondrá Bolivia. Pero su país quiere alejarse del sistema capitalista y eso..., ¿se entiende lo que significa? ¡Alerta, indiecito! Dale a todos por el saco...’ ¡Ring, ring! ‘Sí, dígame.’ Mi nombre completo es, mi dirección es, y debo saber sobre la necesidad de cierta campaña de higienización en la ciudad. ‘Sí, dígame’. La chica que me habla, latinoamericana por más señas y posiblemente estar en Perú o Guatemala, como a menudo hacen las grandes compañías debido al poco salario que pagan por allí a sus trabajadores y, no sé si consciente o no -a la chica parecía darle igual-, me demostró lo caro del servicio de telefonía fija que yo pago cuando llamo allá -al no tener mis amigos el ‘gratuito’ wassap-, y que debo hablar rápido para que no me desvalijen, para ella era gratuito y me ocupó mucho tiempo en hablarme de la preocupación del Ayuntamiento de Calella y la sanidad pública. ‘Sí, dígame.’ Se quiere proteger a todos los habitantes del pueblo de ciertas plagas peligrosas que se extienden debido a la persistente llegada de inmigrantes procedentes de países sin calidad sanitaria y me ruega la máxima colaboración. ‘Sí, dígame.’ ¡Se le aconseja comprar un colchón con una bolita magnética!… ‘¡Soy un faquir!’

Colgué el aparato y fui a Facebook para poner el artículo contra el capitalismo que había escrito. Pero por ya más de 20 veces, aunque mi contraseña era correcta, FB me dice que he puesto una clave antigua y que ponga el código que me ha enviado al móvil. A buscar dónde está el maldito teléfono… Una media hora. Abrí el mensaje de FB, escribí los 8 números del código en un papel, volví a FB, puse lo solicitado y al fin, si no se les ocurre otra cosa a los sabios de Silicon Valley, mis amigos volverán a intentar leer otro de mis innumerables artículos contra el tiempo que me ocupa la gratuidad de las nuevas formas. ¿Gratuidad? ¡Me están quitando la vida, cabrones!

sábado, 9 de noviembre de 2019

Se cayó un muro y se levantaron miles


Desde 1990, solo en Europa, se han levantado más de mil Km. de nuevos muros. Y contando el Muro de Israel sobre Palestina, el Muro de Trump y la mayor Vergüenza de los gobiernos de los EEUU al mantener, durante casi 60 años, el Muro del Bloqueo a Cuba, entonces nadie que respete su dignidad tiene algo que celebrar por los 30 años de la caída del Muro de Berlín.

Una caída que en 1989, en vez de decir ‘derribado por el pueblo de la Alemania del Este’, ya que fue su gobierno quien decidió abrirlo, representó en la mente de muchos alemanes ‘la gran felicidad del arribo a la libertad’ y que ahora, cuando aquellos ‘felices’ ven y viven que son ciudadanos de segunda, entienden lo que fue verdaderamente aquella caída: la bienvenida al animal que la jungla del capitalismo les deparaba y que no hay vuelta atrás. Por ello, quizás, la venganza de ‘los felices’ sea hoy día el fortalecimiento en su territorio de la extrema derecha xenófoba, homófoba y fascista: ¡más muros, y más largos, y más fuertes, y más bestiales! Esta reacción debe ser por la decepción con aquella ‘felicidad’ que les anunciaron y que se les volvió una mueca de mala historia.

Las famosas concertinas o alambradas de cuchillas con que diversas empresas europeas hacen hoy su agosto en negocios legales y rentables para impedir el paso a los migrantes ya no es para detener el comunismo, o sí, porque hoy día la amenaza comunista no es otra cosa que el derecho de todo ser humano a una vida digna y por esto, y solo por esto, el vencedor capitalismo primermundista ha de construir muchos, muchos muros que logren desmentir la única felicidad para todos que, a pesar de los errores cometidos en su época de instauración mundial, sigue significando el comunismo, un nuevo sistema de vida al que la dignidad humana en todos sus aspectos no cesará de aspirar para toda persona. Y aunque lleve otros nombres, su construcción será infinita y muy superior a la selva en que realmente puso a toda la humanidad la caída del muro de Berlín.


martes, 5 de noviembre de 2019

Fragmentos de un verano: al final del ROM


Con un rupturista agregado de ‘vanguardia’, el Museo Real de Ontario llama la atención de diversas maneras. En vez de crear, con tal elemento al edificio neoclásico y neogótico presente, el destaque requerido a su mayor tesoro artístico, la nueva construcción destruye o menosprecia el sitio que lo alberga.

Es visible, desde múltiples ángulos afuera del museo, cómo la nueva estructura acristalada, tal rayos que caen sobre fachadas, ventanas y balcones, no aportan absolutamente nada a aquello que muy bien podría haberse erigido para la muestra más relevante del museo canadiense: las gigantescas esculturas o totems de los pueblos originarios del Canadá que, aquí llamadas ‘postes’, están ubicadas en las escaleras de las varias plantas de la antigua construcción y padecen de la frivolidad de una pésima observación al pasar de una a otra sala del recinto.

Excepto en una de las salas, donde podemos disfrutar ampliamente de pequeñas esculturas cual descendientes de las anteriores, las otras salas están dedicadas, en magníficos montajes con los que podemos deleitarnos de otras muestras que, sin que tengamos que demeritar la exhibición de los decorados de los salones europeos de diversos siglos, los excelentes vestigios de las artes egipcias, persas, griegas, romanas, cristianas medievales, algún cuadro de Cezanne, Van Gogh y otros grandes, incluso de dinosaurios e insectos, del ROM se sale, al final del recorrido y al toparnos de nuevo con los relámpagos de colores, con una leve sensación del desperdicio en el diseño contemporáneo.

¡Qué distinta hubiera sido la emoción si a la salida del ROM y otra vez frente, al lado, o detrás de los rayos acristalados, sintiéramos con el máximo placer detallista aquellas efigies de dioses o de otras divinidades que los antiguos pobladores del Canadá crearon para la eternidad y el emotivo homenaje que las vanguardias actuales podrían haberles rendido con los mismos elementos constructivos, pero sin la idea del adorno o la atracción de feria!