Estaré caminando por las calles de Barcelona durante la manifestación del 10 de julio. Contra todos los políticos. Contra el PP primero, porque no quiere que yo camine. Y contra todos los demás partidos que confeccionaron un Estatut sin saber si era constitucional, o sabiendo que no, probaron a ver si podía pasar, logrando que pasara todas las instancias oficiales y llamando a todos los ciudadanos a una votación. Yo voté por el Estatut. Si dentro de nuestra llamada “democracia” el pueblo es soberano y ahora, por el recurso planteado por aquellos que no quieren verme caminando, ya no formo parte de esa soberanía, infiero que todos han estado jugando con mi dignidad.
Los que lo hicieron por ignorancia del proceso legal deberían pedir mil veces perdón y rebajarse los incentivos que proporciona estar en la administración pública. Me han engañado sobre la base de no importarles un comino el salario que contribuyo a pagarles para que estudien bien todo lo que hagan en política. Los que lo hicieron por aumentar los votos que los acercaría al poder, conscientes del entusiasmo nacionalista y la segura reacción del PP, seguramente estaban pensando en los beneficios que les reportaría decidir por ellos solos adónde va la riqueza nacional. También ellos me engañaron al ignorar que yo también importo en esa decisión y que para nada podré discutirlo con el PP mientras se mantenga en la élite de la confrontación. Los que lo hicieron por estrategia independentista, para alegar que la nación catalana no cabe en la constitución española que ellos mismos han jurado, igualmente me han engañado ante el principio sustancial de que un proceso de tal naturaleza nunca debe conducir a una batalla entre pueblos. Deben explicar por qué Catalunya puede desprenderse de determinadas responsabilidades que la Historia le ha hecho compartir con España. Deben demostrar que sola puede hacer mucho más por las Causas Pendientes que luchando por ellas dentro de la obsoleta Corona y transformándola.
Me siento burlado por todos los políticos que, de una u otra forma, me han hecho indigno con este problema del Estatut. Entonces no me cabe otra alternativa que reformularme el concepto de la dignidad en la soberanía.
No puedo creerme que la soberanía popular sea digna si no carga con la solidaridad hacia el resto de los pueblos del mundo, sobre todo con los más sojuzgados por los grandes poderes económicos. Se sabe que son éstos últimos los que condicionan los poderes políticos para el mantenimiento del libertinaje del gran capital. Si la soberanía de un pueblo conlleva la aceptación de ese orden, siempre conservará el estatus de dependencia, aunque pase a tener nombre propio y algunas otras migajas que pueda conseguir. Así están la mayoría de los países conocidos. No creo en ellos.
Soberanía es algo más que pueblo. Soberanía es, sobre todas las cosas, el derecho a vivir en estado de plena dignidad. Y ésta no puede ejercerse desde una soledad como nación. En este mundo globalizado por el sistema capitalista ya no hay naciones, hay Mercado o Humanidad. ¿A cuál de estos aspectos se someterá una Catalunya Independiente? Por la previsión de votos es evidente dónde caeremos. ¿En qué habremos cambiado? ¿Que tendremos un ejército propio con la senyera sobre un tanque en Afganistán? Al menos eso ahora mismo es impensable. Prefiero seguir creyendo que esa imagen no será real.
Si, contra la estimación de voto, aún en la falta de educación política de gran parte del pueblo, las fuerzas de la Izquierda Republicana alcanzan la Generalitat, ¿podríamos creer en su durabilidad si es consecuente con sus principios? Nada, hermanos míos. Siento que nos han puesto en el camino más equivocado. Nos quieren fragmentar más de lo que ya lo estamos. Nunca seremos nada sin la presencia del otro semejante, sea un huelguista del Metro de Madrid o un manifestante de Bilbao. Sólo una fuerza de dignidad puede justificar enteramente una lucha. Todo lo demás va contra la propia esencia de la soberanía.
Pero descuiden, amigos y compañeros queridos de lucha en Catalunya. Si el meu pare y el meu avi per part de mare salieron de la Cultura Catalana para apoyar las luchas por la definitiva independencia de Cuba, la cual no sucedió cuando se izó la bandera de la estrella solitaria en sustitución de la española, sino hasta 1959, cuando pensamos en la máxima dignidad de todas las banderas, yo no defraudaré sus sueños de que me vean buscando toda la unidad posible, aunque nunca defenderé entregársela a la oligarquía catalana. Aspiro a subir el Canigó. Para la verdadera soberanía siempre hay un lugar esperando. Es como el amor. Nunca sabes dónde puede estar: ¡Estaré en Barcelona junto a todos el 10 de julio!
viernes, 2 de julio de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
Glosa de Joan Surroca
…¿Cuántos años tendrá este chico que ha corrido como un bólido al encuentro de una mujer? Por sus barbas no parece ser tan joven, ni tampoco parece serlo la chica que nos trajo. ¿Cuál es el secreto?
La carrera se realizó en un momento álgido de la conversación que manteníamos. Él se llamaba cobarde, aunque decía preferir la muerte al pecado. Ninguna de sus aseveraciones parecía guardar alguna relación coherente con la carrera emprendida. El camino empedrado y húmedo podía haberlo hecho resbalar y morir. ¿Calculó los riesgos? ¿Pensó que podría costarle la vida entregarse al inesperado instinto de encontrarse con aquella mujer? ¿Prefirió dejarse llevar por el pecado de la tentación inusitada que el encuentro le ofrecía? Imagino que no pensó nada. No obstante, un poco antes de este suceso, me aseguró que estaba lleno de dudas, aún cuando era absoluto en la posesión sobre unas cuantas certezas. Olvidé la conversación interrumpida mientras miraba con gran gozo cómo el chico desaparecía por las calles estrechas.
Al cabo de unos minutos llegaban los dos, él y ella, firmemente juntos y con la mayor algarabía infantil. A mí también me hicieron retroceder en mis años. Entonces las palabras pasaron la prueba definitiva.
Se iluminaron otras verdades, enseñoreándose la más importante: la de la paz. Estos dos chicos llamados Joan y Anna María desbordaban amor por todas partes. Y aunque él no escondió las barbas, ya éstas poseían otro aspecto: el de la sabiduría. Es posible entregarse completo a la carrera, sin percatarse de los riesgos, cuando lo que nos aguijonea está por encima del pecado o de la muerte. El valor, el miedo, la transgresión y el final constituyen partes de una sola concepción, la de la vida, y ésta, naturalmente, no tiene una clasificación absoluta que limite la provocación de llevarla encendida de pasión.
Si hubiera sido por mí habría agarrado a este chico por las barbas y todavía estaría jugando con ellas, pero, recordándome de mi viejo padre catalán, a quien no le agradaba para nada que lo tocasen, ni siquiera su hijo, decidí limitarme a preguntarle cuántos años tenía. Él, como es lógico en este pueblo de Torroella de Montgrí, empezó a reír y, con una especie de juego de palabras muy astuto, me confesó finalmente que ya lo tenía todo dispuesto en un preciso testamento: “he sido un hombre tranquilo conmigo mismo y éste es todo el secreto”.
La carrera se realizó en un momento álgido de la conversación que manteníamos. Él se llamaba cobarde, aunque decía preferir la muerte al pecado. Ninguna de sus aseveraciones parecía guardar alguna relación coherente con la carrera emprendida. El camino empedrado y húmedo podía haberlo hecho resbalar y morir. ¿Calculó los riesgos? ¿Pensó que podría costarle la vida entregarse al inesperado instinto de encontrarse con aquella mujer? ¿Prefirió dejarse llevar por el pecado de la tentación inusitada que el encuentro le ofrecía? Imagino que no pensó nada. No obstante, un poco antes de este suceso, me aseguró que estaba lleno de dudas, aún cuando era absoluto en la posesión sobre unas cuantas certezas. Olvidé la conversación interrumpida mientras miraba con gran gozo cómo el chico desaparecía por las calles estrechas.
Al cabo de unos minutos llegaban los dos, él y ella, firmemente juntos y con la mayor algarabía infantil. A mí también me hicieron retroceder en mis años. Entonces las palabras pasaron la prueba definitiva.
Se iluminaron otras verdades, enseñoreándose la más importante: la de la paz. Estos dos chicos llamados Joan y Anna María desbordaban amor por todas partes. Y aunque él no escondió las barbas, ya éstas poseían otro aspecto: el de la sabiduría. Es posible entregarse completo a la carrera, sin percatarse de los riesgos, cuando lo que nos aguijonea está por encima del pecado o de la muerte. El valor, el miedo, la transgresión y el final constituyen partes de una sola concepción, la de la vida, y ésta, naturalmente, no tiene una clasificación absoluta que limite la provocación de llevarla encendida de pasión.
Si hubiera sido por mí habría agarrado a este chico por las barbas y todavía estaría jugando con ellas, pero, recordándome de mi viejo padre catalán, a quien no le agradaba para nada que lo tocasen, ni siquiera su hijo, decidí limitarme a preguntarle cuántos años tenía. Él, como es lógico en este pueblo de Torroella de Montgrí, empezó a reír y, con una especie de juego de palabras muy astuto, me confesó finalmente que ya lo tenía todo dispuesto en un preciso testamento: “he sido un hombre tranquilo conmigo mismo y éste es todo el secreto”.
¡GOL de Cuba en el Mundial de Sudáfrica!
No cabe duda, el Mundial de fútbol de Sudáfrica acaparará gran parte de las voces del Mundo, y aunque estén dirigidas por el capital que nos devora, no creo que estemos en condiciones de desaprovechar la oportunidad que nos ofrece para denunciar la tapadera que representa. Y no habrá cosa mejor entre nosotros que hablarnos, criticarnos, como pedía el gran cubano José Martí, “porque la crítica es la salud”. Si nos suspendemos esa prioridad muy poca lucha tendremos. Y no creo que, entre nosotros, estemos necesitados de descansos, todo lo contrario, es la mejor hora para el encuentro fraternal, precisamente ahora, cuando acontecimientos como éste que nos ocupa tienen ensimismados a tantos compañeros. Es una cosa seria: la inmensa mayoría de ellos son, o habrán de ser, nuestros hermanos de lucha. Sin ellos no somos nada. Sin ellos sólo somos simples adoradores del Bien Común en estado de gracia, lo que tal vez sea el peor fruto de nuestras esperanzas.
Dice un amigo que “cada uno escoja su terreno de juego”, bueno, sí, de hecho siempre pasa así, “cada uno escoge”. Es el más que sagrado bien de nuestras reflexiones. Perfecto. Sólo que este “siempre pasa así”, que acabé de escribir, también debería ser objeto de nuestro estudio. Quizás introducirle algún cambio. Aún respetando el terreno escogido por el otro, todos nosotros estamos en el mismo juego de lucha contra el capitalismo, ni más ni menos, sólo es cuestión de matices. Ese juego es nuestro y no de uno solo a su libre albedrío en el terreno de todos. Si no crecemos juntos, mala cosa para esa unidad que tanto buscamos. Y cualquier cosa que hagamos, aún aquella más prescindible, debe estar presidida por esa búsqueda común de hacernos más juntos y no más separados. Es que en esencia no queremos estar solos, ninguno de nosotros amamos la soledad, es al revés, adoramos el abrazo fraternal. Parece que estamos muy necesitados de comunicación y diálogo, mucho más que de estancos indiferentes adonde se refugie lo que escoja “cada cual”.
Es lo que escribe este compañero lo que todos pretendemos: por “cuestión de principios, dignidad e inteligencia” resulta un apasionado deber y placer comunicarnos a viva voz y hasta quién sabe si alguno de “los alienados” de quienes alguien pretende alejarse nos ofrezca la mejor respuesta.
No creo que se trate de qué “nos pregunten dentro de unos años”, sino de qué nos preguntan ahora. Alguna compañía debemos ofrecerle a tantos compañeros “alienados”. Quizás podríamos hacer algo mezclándonos en las peñas deportivas, donde la alienación nos alcanzará a nosotros también y tendremos que averiguar cómo salir de ella. Sería una buena experiencia para aquellos que deseen escoger este camino. Bueno, también podría ser mejor la reflexión ya expresada por otro compañero: promover el debate acerca de la actual reforma laboral. El terreno es tan grande y tan complejo que, de alguna manera, debemos ser asequibles a todas las iniciativas, sin que de ello se infiera que al capitalismo le estemos dando de beber. Una cosa debemos tener muy clara: a nuestros compañeros alienados con el fútbol debemos ofrecerles toda el agua del Mundo. Quizás vengan con nosotros después del partido, bueno, al menos debemos intentarlo. Es en esos ambientes donde más están. También podríamos resaltar los pies descalzos de los niños africanos ante esa simbólica pelota de nuestros tiempos: difundir su agotamiento en el juego después de las largas jornadas de trabajo criminal a las que se ven obligados por dos céntimos de euros al día e intentar con nuestras reflexiones que todos descubran la tapadera del Mundial. ¿Qué hacemos nosotros con tanta agua para la sed de Humanidad que vibra en todos los pueblos y en todas las personas? El día que dejemos de creer que esa sed existe, habremos acabado con el agua de nuestras vidas.
No hay mejor belleza en cualquiera de las vías de nuestras luchas que aquella que pueda exhibir el compartirlas con la mayor cantidad de personas.
Gústenos o no, pensemos lo que pensemos, y a pesar de todas las manipulaciones que los grandes medios hagan con el Mundial de Sudáfrica, la celebración futbolística es un acontecimiento que no debemos obviar. Más allá de la alienación con que los intereses capitalistas han convertido la fiesta del fútbol, nunca podremos olvidar el arraigo de ésta en las grandes masas populares, y son éstas la esencia vital de nuestras luchas. Por ello pienso que debemos seguir imaginando los aportes que podríamos extraerle a este evento.
Puede ser deseando que gane la República Popular y Democrática de Corea. Es sólo un deseo para trasmitir otras cosas, como nos comentaba un compañero. Puede ser aclarando principios, dignidad e inteligencia, como nos pedía otro. Puede ser de múltiples maneras, porque sólo es posible concentrar esperanzado, o reunir, el debate de izquierda ante lo que “existe” ahora mismo en nuestro mundo globalizado cuando asumimos los retos del poder que nos imponen los grandes medios. Ignorarlos sería una ingenuidad.
No nos engañemos. Los pueblos, infantilizados, no consultan mayoritariamente las vías alternativas de información. No obstante, ello no significa que sean lacayos del capital, no, no son sus siervos, sencillamente son lo que pueden, y nosotros estamos obligados a marchar con ellos y ofrecerles, con nuestra proverbial humildad, y hasta en nuestra más grande limitación, lo que podamos, todo lo que podamos, como un intento, aunque también pueda ser infantil, donde podamos imaginar algún acercamiento. Nunca debemos olvidar que también nosotros somos niños en nuestras luchas.
Quizás sea un acierto que nos llenemos de noticias sobre el Mundial, de nuestro Mundial. Tal vez, no hay nada seguro, que ello sea una vía para “existir un poco más” en estos momentos donde el imaginario mundial está pendiente de lo que sucede en Sudáfrica.
Creo ver una muestra de ello en el artículo publicado en el periódico Granma, de Cuba, por el periodista Oscar Sánchez Serra. Por creer algo en esas posibilidades me remito a transcribir una buena parte de lo escrito en el matutino cubano:
“El 26 de julio de 1991 el destacado luchador africano Nelson Mandela le dijo al pueblo cubano, en la ciudad de Matanzas:
El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África... Su invariable compromiso con la erradicación sistemática del racismo no tiene paralelo... ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?... Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.
Y añadía Mandela: La presencia de ustedes y el refuerzo enviado para la batalla de Cuito Cuanavale tienen una importancia verdaderamente histórica... ¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África!... ¡Esa contundente derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía!... ¡La derrota del ejército racista le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia!... ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica!... ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas!... ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral!... ¡Cuito Cuanavale marca un viraje en la lucha por librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!
África no tendría un mundial de fútbol y seguiría separada de toda organización deportiva internacional si no se hubiera acabado con tan repudiable política.
Por eso, nos sentimos parte de la alegría que brinda la fiesta sudafricana, porque con toda humildad, cuando disfrutemos de cada uno de los 64 partidos del Mundial sentiremos satisfacción de saber que por allí andará el gran gol de Cuba.
Fidel nos decía el 2 de diciembre de 2005: "Cuba cumplió con lo que dijera el insigne líder del anticolonialismo Amílcar Cabral: ‘Los combatientes cubanos están dispuestos a sacrificar sus vidas por la liberación de nuestros países, y a cambio de esa ayuda a nuestra libertad y al progreso de nuestra población lo único que se llevarán de nosotros son los combatientes que cayeron luchando por la libertad’".
Dice un amigo que “cada uno escoja su terreno de juego”, bueno, sí, de hecho siempre pasa así, “cada uno escoge”. Es el más que sagrado bien de nuestras reflexiones. Perfecto. Sólo que este “siempre pasa así”, que acabé de escribir, también debería ser objeto de nuestro estudio. Quizás introducirle algún cambio. Aún respetando el terreno escogido por el otro, todos nosotros estamos en el mismo juego de lucha contra el capitalismo, ni más ni menos, sólo es cuestión de matices. Ese juego es nuestro y no de uno solo a su libre albedrío en el terreno de todos. Si no crecemos juntos, mala cosa para esa unidad que tanto buscamos. Y cualquier cosa que hagamos, aún aquella más prescindible, debe estar presidida por esa búsqueda común de hacernos más juntos y no más separados. Es que en esencia no queremos estar solos, ninguno de nosotros amamos la soledad, es al revés, adoramos el abrazo fraternal. Parece que estamos muy necesitados de comunicación y diálogo, mucho más que de estancos indiferentes adonde se refugie lo que escoja “cada cual”.
Es lo que escribe este compañero lo que todos pretendemos: por “cuestión de principios, dignidad e inteligencia” resulta un apasionado deber y placer comunicarnos a viva voz y hasta quién sabe si alguno de “los alienados” de quienes alguien pretende alejarse nos ofrezca la mejor respuesta.
No creo que se trate de qué “nos pregunten dentro de unos años”, sino de qué nos preguntan ahora. Alguna compañía debemos ofrecerle a tantos compañeros “alienados”. Quizás podríamos hacer algo mezclándonos en las peñas deportivas, donde la alienación nos alcanzará a nosotros también y tendremos que averiguar cómo salir de ella. Sería una buena experiencia para aquellos que deseen escoger este camino. Bueno, también podría ser mejor la reflexión ya expresada por otro compañero: promover el debate acerca de la actual reforma laboral. El terreno es tan grande y tan complejo que, de alguna manera, debemos ser asequibles a todas las iniciativas, sin que de ello se infiera que al capitalismo le estemos dando de beber. Una cosa debemos tener muy clara: a nuestros compañeros alienados con el fútbol debemos ofrecerles toda el agua del Mundo. Quizás vengan con nosotros después del partido, bueno, al menos debemos intentarlo. Es en esos ambientes donde más están. También podríamos resaltar los pies descalzos de los niños africanos ante esa simbólica pelota de nuestros tiempos: difundir su agotamiento en el juego después de las largas jornadas de trabajo criminal a las que se ven obligados por dos céntimos de euros al día e intentar con nuestras reflexiones que todos descubran la tapadera del Mundial. ¿Qué hacemos nosotros con tanta agua para la sed de Humanidad que vibra en todos los pueblos y en todas las personas? El día que dejemos de creer que esa sed existe, habremos acabado con el agua de nuestras vidas.
No hay mejor belleza en cualquiera de las vías de nuestras luchas que aquella que pueda exhibir el compartirlas con la mayor cantidad de personas.
Gústenos o no, pensemos lo que pensemos, y a pesar de todas las manipulaciones que los grandes medios hagan con el Mundial de Sudáfrica, la celebración futbolística es un acontecimiento que no debemos obviar. Más allá de la alienación con que los intereses capitalistas han convertido la fiesta del fútbol, nunca podremos olvidar el arraigo de ésta en las grandes masas populares, y son éstas la esencia vital de nuestras luchas. Por ello pienso que debemos seguir imaginando los aportes que podríamos extraerle a este evento.
Puede ser deseando que gane la República Popular y Democrática de Corea. Es sólo un deseo para trasmitir otras cosas, como nos comentaba un compañero. Puede ser aclarando principios, dignidad e inteligencia, como nos pedía otro. Puede ser de múltiples maneras, porque sólo es posible concentrar esperanzado, o reunir, el debate de izquierda ante lo que “existe” ahora mismo en nuestro mundo globalizado cuando asumimos los retos del poder que nos imponen los grandes medios. Ignorarlos sería una ingenuidad.
No nos engañemos. Los pueblos, infantilizados, no consultan mayoritariamente las vías alternativas de información. No obstante, ello no significa que sean lacayos del capital, no, no son sus siervos, sencillamente son lo que pueden, y nosotros estamos obligados a marchar con ellos y ofrecerles, con nuestra proverbial humildad, y hasta en nuestra más grande limitación, lo que podamos, todo lo que podamos, como un intento, aunque también pueda ser infantil, donde podamos imaginar algún acercamiento. Nunca debemos olvidar que también nosotros somos niños en nuestras luchas.
Quizás sea un acierto que nos llenemos de noticias sobre el Mundial, de nuestro Mundial. Tal vez, no hay nada seguro, que ello sea una vía para “existir un poco más” en estos momentos donde el imaginario mundial está pendiente de lo que sucede en Sudáfrica.
Creo ver una muestra de ello en el artículo publicado en el periódico Granma, de Cuba, por el periodista Oscar Sánchez Serra. Por creer algo en esas posibilidades me remito a transcribir una buena parte de lo escrito en el matutino cubano:
“El 26 de julio de 1991 el destacado luchador africano Nelson Mandela le dijo al pueblo cubano, en la ciudad de Matanzas:
El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África... Su invariable compromiso con la erradicación sistemática del racismo no tiene paralelo... ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?... Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.
Y añadía Mandela: La presencia de ustedes y el refuerzo enviado para la batalla de Cuito Cuanavale tienen una importancia verdaderamente histórica... ¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África!... ¡Esa contundente derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía!... ¡La derrota del ejército racista le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia!... ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica!... ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas!... ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral!... ¡Cuito Cuanavale marca un viraje en la lucha por librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!
África no tendría un mundial de fútbol y seguiría separada de toda organización deportiva internacional si no se hubiera acabado con tan repudiable política.
Por eso, nos sentimos parte de la alegría que brinda la fiesta sudafricana, porque con toda humildad, cuando disfrutemos de cada uno de los 64 partidos del Mundial sentiremos satisfacción de saber que por allí andará el gran gol de Cuba.
Fidel nos decía el 2 de diciembre de 2005: "Cuba cumplió con lo que dijera el insigne líder del anticolonialismo Amílcar Cabral: ‘Los combatientes cubanos están dispuestos a sacrificar sus vidas por la liberación de nuestros países, y a cambio de esa ayuda a nuestra libertad y al progreso de nuestra población lo único que se llevarán de nosotros son los combatientes que cayeron luchando por la libertad’".
miércoles, 12 de mayo de 2010
ARREGLO DE LA PÁGINA 46 DEL LIBRO
ESTA OCASIÓN PARA QUE TODOS PODAMOS SALVARNOS
Cuba podría ser la más dramática sensación de que el mundo no se puede cambiar, de que cualquier día podemos ahogarnos con nuestros propios alientos, de que la Tierra y la Vida Humana no tienen ningún sentido. Pero al mismo tiempo, Cuba ha hecho germinar unas encrucijadas donde la desesperación y la esperanza parecen darse la mano. Si esa unión es capaz de crear la voluntad necesaria, también Cuba podría ser la sensación más aproximada de que el mundo podría cambiarse, de que no nos ahogaremos en nuestros alientos, de que la Tierra y la Vida Humana tienen un espléndido sentido. ¿Será posible?
Podría pensarse, atendiendo a la banalización que impera por doquier, que actualmente ya no es tan importante apoyar o condenar al proceso revolucionario cubano, que las dos posiciones deben tener muchas razones y que el problema fundamental es otro. Que ahora se trata de otra actitud, porque si logramos traspasar el laberinto kafkiano del que todavía somos huéspedes en todo el mundo podremos seguir enarbolando la efectividad de las palabras. Sí, es cierto en gran parte, ya que decididamente no es la isla la máxima preocupación del planeta. Ella sólo es una reacción, –lo más dignamente posible en medio de la indignidad mundial— por el derecho a defenderse y a equivocarse al instalarse en el gran problema del mundo. Entonces, defender o atacar a Cuba ya podría no ser defender o atacar a una postura ideológica o a una forma de organización social. Puede ser otra cosa. Podría ser creer o no creer que se puedan encontrar nuevas propuestas vivificadoras para cambiar el rumbo de la Civilización y hacerla un patrimonio de todos.
Mientras no las encontremos la ceguera nos seguirá dominando, porque, por sobre todas las visiones, la razón fundamental que agranda a esta pequeña isla, en su larga y complejísima lucha, es precisamente esta dignificación del derecho a la vida de los más desfavorecidos de la Tierra: mantener el dedo en la llaga de la Humanidad, esa llaga de humillación y muerte que una buena parte del mundo ha escogido no tocar. Ello hace que cualquier absolución o condena a Cuba tenga que pasar primero por la sensatez de descubrir la herida: la consideración de la dignidad humana para todos como el valor más absoluto. Identificándonos en esa igualdad es como único podremos colaborar al hallazgo de una alternativa al sistema reinante. Se trataría de afirmar los valores que propicien una convivencia armónica en aras de la supervivencia de la especie humana: el verdadero problema del Mundo Moderno.
¿Qué otro cuerpo ideológico, sistema político-económico, conjunto de naciones, país, institución o iniciativa social organizada con algún poder en estos momentos en alguna parte de la Tierra comporta semejante actitud de exigencia humana ante los más poderosos del Mundo? Resulta muy triste observar una enorme carencia. Para nadie es un secreto que cada vez más, impulsada por los grandes medios en manos de unos pocos, prospera la idea de que cada cual busque lo mejor para sí mismo y se olvide de cualquier otra preocupación, el famoso “sálvese quien pueda”, porque, sencillamente, el ser humano, en sociedad, es insalvable. Arribar a esa conclusión es el peor desastre que puede sucederle a un individuo y a una civilización.
No cabe duda de que entre migraciones humanas desenfrenadas, traslaciones de enfermedades incontrolables, u otras controlables que no compiten siquiera en la carrera de las decisiones, encuentros culturales explosivos y un desconcertante cambio climático que, en vez de abrirnos las orejas, cada vez más nos ensordece, el abismo entre un mundo rico y otro pobre ya es inflamable, real e histórico. Extender la sociedad consumista no lo aguantaría la Naturaleza. Pero los seres humanos buscarán eternamente su mejoramiento allí donde esté. De hecho ya todos nos estamos juntando, poco a poco, pero el movimiento es indetenible. El umbral de la barbarie está siendo atravesado desde el propio abismo que se ha creado entre los seres humanos. Globalizar la idea y la lucha por la digna cooperación entre todos los habitantes de la Tierra es un imperativo.
Será la ocasión para que todos podamos salvarnos. Una brillante oportunidad para seguir imaginando razones y así poder absolver o condenar todo aquello que nos niegue la existencia. Es el camino que nos dicta la realidad y la historia que pugnan su continuidad. Por ello Cuba, asediada, contradictoria, terrible y espléndida en la mayor crisis de su proceso revolucionario se convierte en una sencilla advertencia: o se cambia el mundo que tenemos o cada vez se caotizará más todo lo que tenemos, ya que resulta inconcebible, en la teoría y en la práctica, que unos puedan vivir dentro de un bienestar a costa de las penurias, los sufrimientos y la muerte de otros. Esta es la razón fundamental por lo que la pequeña isla del Mar Caribe, cuando entre todos aclaremos sus entuertos, podría lograr que los ciegos puedan ver.
Entonces, sí, es cierto que el gran problema del Mundo no es atacar o defender a Cuba, sino la concientización sobre la herida que se le está ocasionando al Planeta. ¿Qué pasó en Copenhague? Todos nos enteramos hasta por los medios más reaccionarios: un estruendoso fracaso. Los ricos no quieren abandonar su bienestar. Saben que no pueden compartirlo. ¿Qué pasó en la Cumbre de los Pueblos por el Cambio Climático recientemente celebrada en Bolivia? Apenas los grandes medios hablaron de ella. No les interesa. Esa propuesta pertenece a los pobres de esta Tierra, a los que quieren acceder a un bienestar que pueda ser compartido entre todos. ¿Compartir? Eso aterroriza a los ricos. Y compartir es la única solución para la herida.
Entonces, sí, la defensa de Cuba es un problema fundamental en el Mundo. Es la referencia más consecuente en este Planeta que insiste, casi con fiereza, en mirar la herida y en defender a todos aquellos que se levantan para curarla. Entonces, por encima de todos los errores, las imperfecciones y las condenas que ha conllevado la supervivencia de la isla, resulta una obligación histórica defenderla, ayudarla, trabajar con ella, vivirla e intentar iluminar los nuevos caminos que tanto necesitamos. Es urgente defender a Cuba. Sin su grito desesperado, su fiel sacrificio por los demás y su inconmensurable esperanza en el mejoramiento humano, se perdería la necesaria dignidad para hablar sobre la herida del Mundo, y por sobre todas las cosas, curarla para todos. A fin de cuentas, Cuba también habrá de curarse y ella sólo es un trocito de tierra en el Atlántico, aunque tenga la extraña virtud o el imperdonable defecto de ser una memoria imprescindible para toda la Humanidad.
Cuba podría ser la más dramática sensación de que el mundo no se puede cambiar, de que cualquier día podemos ahogarnos con nuestros propios alientos, de que la Tierra y la Vida Humana no tienen ningún sentido. Pero al mismo tiempo, Cuba ha hecho germinar unas encrucijadas donde la desesperación y la esperanza parecen darse la mano. Si esa unión es capaz de crear la voluntad necesaria, también Cuba podría ser la sensación más aproximada de que el mundo podría cambiarse, de que no nos ahogaremos en nuestros alientos, de que la Tierra y la Vida Humana tienen un espléndido sentido. ¿Será posible?
Podría pensarse, atendiendo a la banalización que impera por doquier, que actualmente ya no es tan importante apoyar o condenar al proceso revolucionario cubano, que las dos posiciones deben tener muchas razones y que el problema fundamental es otro. Que ahora se trata de otra actitud, porque si logramos traspasar el laberinto kafkiano del que todavía somos huéspedes en todo el mundo podremos seguir enarbolando la efectividad de las palabras. Sí, es cierto en gran parte, ya que decididamente no es la isla la máxima preocupación del planeta. Ella sólo es una reacción, –lo más dignamente posible en medio de la indignidad mundial— por el derecho a defenderse y a equivocarse al instalarse en el gran problema del mundo. Entonces, defender o atacar a Cuba ya podría no ser defender o atacar a una postura ideológica o a una forma de organización social. Puede ser otra cosa. Podría ser creer o no creer que se puedan encontrar nuevas propuestas vivificadoras para cambiar el rumbo de la Civilización y hacerla un patrimonio de todos.
Mientras no las encontremos la ceguera nos seguirá dominando, porque, por sobre todas las visiones, la razón fundamental que agranda a esta pequeña isla, en su larga y complejísima lucha, es precisamente esta dignificación del derecho a la vida de los más desfavorecidos de la Tierra: mantener el dedo en la llaga de la Humanidad, esa llaga de humillación y muerte que una buena parte del mundo ha escogido no tocar. Ello hace que cualquier absolución o condena a Cuba tenga que pasar primero por la sensatez de descubrir la herida: la consideración de la dignidad humana para todos como el valor más absoluto. Identificándonos en esa igualdad es como único podremos colaborar al hallazgo de una alternativa al sistema reinante. Se trataría de afirmar los valores que propicien una convivencia armónica en aras de la supervivencia de la especie humana: el verdadero problema del Mundo Moderno.
¿Qué otro cuerpo ideológico, sistema político-económico, conjunto de naciones, país, institución o iniciativa social organizada con algún poder en estos momentos en alguna parte de la Tierra comporta semejante actitud de exigencia humana ante los más poderosos del Mundo? Resulta muy triste observar una enorme carencia. Para nadie es un secreto que cada vez más, impulsada por los grandes medios en manos de unos pocos, prospera la idea de que cada cual busque lo mejor para sí mismo y se olvide de cualquier otra preocupación, el famoso “sálvese quien pueda”, porque, sencillamente, el ser humano, en sociedad, es insalvable. Arribar a esa conclusión es el peor desastre que puede sucederle a un individuo y a una civilización.
No cabe duda de que entre migraciones humanas desenfrenadas, traslaciones de enfermedades incontrolables, u otras controlables que no compiten siquiera en la carrera de las decisiones, encuentros culturales explosivos y un desconcertante cambio climático que, en vez de abrirnos las orejas, cada vez más nos ensordece, el abismo entre un mundo rico y otro pobre ya es inflamable, real e histórico. Extender la sociedad consumista no lo aguantaría la Naturaleza. Pero los seres humanos buscarán eternamente su mejoramiento allí donde esté. De hecho ya todos nos estamos juntando, poco a poco, pero el movimiento es indetenible. El umbral de la barbarie está siendo atravesado desde el propio abismo que se ha creado entre los seres humanos. Globalizar la idea y la lucha por la digna cooperación entre todos los habitantes de la Tierra es un imperativo.
Será la ocasión para que todos podamos salvarnos. Una brillante oportunidad para seguir imaginando razones y así poder absolver o condenar todo aquello que nos niegue la existencia. Es el camino que nos dicta la realidad y la historia que pugnan su continuidad. Por ello Cuba, asediada, contradictoria, terrible y espléndida en la mayor crisis de su proceso revolucionario se convierte en una sencilla advertencia: o se cambia el mundo que tenemos o cada vez se caotizará más todo lo que tenemos, ya que resulta inconcebible, en la teoría y en la práctica, que unos puedan vivir dentro de un bienestar a costa de las penurias, los sufrimientos y la muerte de otros. Esta es la razón fundamental por lo que la pequeña isla del Mar Caribe, cuando entre todos aclaremos sus entuertos, podría lograr que los ciegos puedan ver.
Entonces, sí, es cierto que el gran problema del Mundo no es atacar o defender a Cuba, sino la concientización sobre la herida que se le está ocasionando al Planeta. ¿Qué pasó en Copenhague? Todos nos enteramos hasta por los medios más reaccionarios: un estruendoso fracaso. Los ricos no quieren abandonar su bienestar. Saben que no pueden compartirlo. ¿Qué pasó en la Cumbre de los Pueblos por el Cambio Climático recientemente celebrada en Bolivia? Apenas los grandes medios hablaron de ella. No les interesa. Esa propuesta pertenece a los pobres de esta Tierra, a los que quieren acceder a un bienestar que pueda ser compartido entre todos. ¿Compartir? Eso aterroriza a los ricos. Y compartir es la única solución para la herida.
Entonces, sí, la defensa de Cuba es un problema fundamental en el Mundo. Es la referencia más consecuente en este Planeta que insiste, casi con fiereza, en mirar la herida y en defender a todos aquellos que se levantan para curarla. Entonces, por encima de todos los errores, las imperfecciones y las condenas que ha conllevado la supervivencia de la isla, resulta una obligación histórica defenderla, ayudarla, trabajar con ella, vivirla e intentar iluminar los nuevos caminos que tanto necesitamos. Es urgente defender a Cuba. Sin su grito desesperado, su fiel sacrificio por los demás y su inconmensurable esperanza en el mejoramiento humano, se perdería la necesaria dignidad para hablar sobre la herida del Mundo, y por sobre todas las cosas, curarla para todos. A fin de cuentas, Cuba también habrá de curarse y ella sólo es un trocito de tierra en el Atlántico, aunque tenga la extraña virtud o el imperdonable defecto de ser una memoria imprescindible para toda la Humanidad.
lunes, 26 de octubre de 2009
LA CLASE, UN TÍTULO PARA LA REALIDAD
Resulta usual en el titulaje de muchas películas el cambio del nombre. El original francés sería ENTRE LOS MUROS. Puede aceptarse el cambio a partir de que todo el film se desarrolla entre las paredes de una clase, de un instituto y de todo aquello que tiene que ver con esta problemática. Pero no lo aceptaríamos, ni siquiera llamándolo ENTRE LOS MUROS DE UNA CLASE, si nos fijamos bien que en la realidad de la trama todas las paredes están desbordadas.
Inicialmente el guión de la película surgió de una novela-testimonio de François Bégaudeau, donde el autor recogió sus experiencias personales en un instituto de las afueras de París. El propio escritor participó de la escritura del guión, junto al director del film, Laurent Cantet y el guionista Robin Campillo. Con la selección de los jóvenes intérpretes, todos estudiantes aficionados, y del propio Bégaudeau como el profesor, la realización cinematográfica perfiló aún más los “muros” que todos querían tratar.
LA CLASE que tenemos ante nosotros, casi a manera de un documental, recoge las peripecias de un profesor de lengua francesa con un estudiantado de múltiples nacionalidades, desde Mali hasta la China. Nadie parece quedarse fuera. Un profesor que intenta llegar a sus alumnos y unos alumnos que en su mayoría no están convencidos del todo de por qué están allí o que imaginan que todo debía adaptarse a una mejor forma de pasar la adolescencia y que ésta tuviera un mejor lugar para verter sus poderosas energías. Los conflictos son diarios y el curso escolar es largo. Algunos profesores no resisten, pero el nuestro, el protagonista de la película, está dispuesto hasta a equivocarse por conseguir sus propósitos y llegar hasta el último día de clases en que, contradictoriamente, después de haberlo logrado se entera de que para alguien todo ha sido un fracaso. Pero el film no quiere terminar ahí, dejándonos a nosotros, los espectadores, el criterio final, porque aunque se hable de una clase también se quiere hablar de toda la sociedad.
El mismo director del film, en una entrevista durante el estreno de la cinta en Argentina, nos lo dice: “El microcosmos de una clase suele ser reflejo de la propia sociedad y me permite abordar temas que me interesan especialmente: la integración de los inmigrantes o los efectos de la invisibilidad de las minorías. Todo pasa por la escuela y empieza en ella.” Así seleccionó a los actores, jóvenes estudiantes de instituto que pertenecían a distintas nacionalidades, y con ellos, al margen de la novela, se puso a improvisar, porque: “Quiero que cada una de las personas que participa en mis películas nos permita participar de su propia experiencia y nos ayude a entender mejor el mundo en que vivimos.” Entonces, al parecer, estamos, no ante una adaptación de una novela al cine, sino ante una obra que refleja las intenciones de sus máximos realizadores, escritor, director y guionista junto a la aportación vital de cada uno de los intérpretes. Y esto, claro está, nos lleva a todos, hasta a los espectadores, a ofrecer nuestro punto de vista, la última de las aportaciones: “Algunos me dicen que la escuela está para aprender reglas gramaticales y no para discutir sobre la vida. Pero para mí la escuela debe ser un lugar de debate, un sitio donde pensar y ponerse en duda a uno mismo.” Cada uno de nosotros hará su correspondiente lectura y su película.
Estamos ante una adaptación literaria, pues después de las improvisaciones se filmaron las escenas y diálogos como estaban previstos anteriormente en el guión cinematográfico. Sólo habría que apuntar que tal guión ya había surgido, a partir de la novela, de experiencias reales. Ahora sólo se trataba de comprobar de que aquellas no eran exclusivas, sino que abarcaban un amplio radio de la sociedad. De ahí que, después de ver la película terminada, los jóvenes protagonistas exclamaran: “¡Guau, es una película de verdad” Se había recogido toda la energía que estos chicos tienen, en alguna medida, vetada, y estábamos en presencia de una dura experiencia sobre la enseñanza.
ENTRE LOS MUROS DE LA SOCIEDAD EUROPEA ACTUAL sería el título idóneo para este film que no por ser francés se dirige solamente a esa región europea. Estas paredes, estas aulas, estos profesores, estos alumnos, estos entornos y estas problemáticas pueden verse en muchos sitios de la geografía continental y aún mucho más allá. Entonces todavía no hemos encontrado el título real para esta película. En una visión metafórica e hiperbolizada muchos de los momentos más llamativos del film se colocan entre los muros de la civilización actual, con toda la carga que está presentando a partir de la inmigración, la globalización y los nuevos cánones, valores e incertidumbres que el mundo de hoy nos plantea.
¿Estamos viendo realmente este Mundo que estamos viviendo, o no queremos, no podemos o no sabemos mirarlo todavía? Todas las respuestas en este orden nos darán la clave para encontrar el verdadero título a esta inquietante propuesta cinematográfica que constituye LA CLASE. ¿Entre qué muros nos estamos debatiendo? ¿Podremos echarlos abajo? ¿Qué aparecerá cuando los hayamos derribado? Por lo pronto parece que no nos damos cuenta de que el Mundo ha cambiado, que va a más y todos estamos encerrados entre los muros del no entendimiento. Será necesario el aporte de toda la sociedad para encontrar las pertinentes salidas a las incógnitas que nos rodean. En la medida que nuestra mirada se extienda a todos los ámbitos de la vida cotidiana y queramos compartirla aparecerán los mejores caminos.
Inicialmente el guión de la película surgió de una novela-testimonio de François Bégaudeau, donde el autor recogió sus experiencias personales en un instituto de las afueras de París. El propio escritor participó de la escritura del guión, junto al director del film, Laurent Cantet y el guionista Robin Campillo. Con la selección de los jóvenes intérpretes, todos estudiantes aficionados, y del propio Bégaudeau como el profesor, la realización cinematográfica perfiló aún más los “muros” que todos querían tratar.
LA CLASE que tenemos ante nosotros, casi a manera de un documental, recoge las peripecias de un profesor de lengua francesa con un estudiantado de múltiples nacionalidades, desde Mali hasta la China. Nadie parece quedarse fuera. Un profesor que intenta llegar a sus alumnos y unos alumnos que en su mayoría no están convencidos del todo de por qué están allí o que imaginan que todo debía adaptarse a una mejor forma de pasar la adolescencia y que ésta tuviera un mejor lugar para verter sus poderosas energías. Los conflictos son diarios y el curso escolar es largo. Algunos profesores no resisten, pero el nuestro, el protagonista de la película, está dispuesto hasta a equivocarse por conseguir sus propósitos y llegar hasta el último día de clases en que, contradictoriamente, después de haberlo logrado se entera de que para alguien todo ha sido un fracaso. Pero el film no quiere terminar ahí, dejándonos a nosotros, los espectadores, el criterio final, porque aunque se hable de una clase también se quiere hablar de toda la sociedad.
El mismo director del film, en una entrevista durante el estreno de la cinta en Argentina, nos lo dice: “El microcosmos de una clase suele ser reflejo de la propia sociedad y me permite abordar temas que me interesan especialmente: la integración de los inmigrantes o los efectos de la invisibilidad de las minorías. Todo pasa por la escuela y empieza en ella.” Así seleccionó a los actores, jóvenes estudiantes de instituto que pertenecían a distintas nacionalidades, y con ellos, al margen de la novela, se puso a improvisar, porque: “Quiero que cada una de las personas que participa en mis películas nos permita participar de su propia experiencia y nos ayude a entender mejor el mundo en que vivimos.” Entonces, al parecer, estamos, no ante una adaptación de una novela al cine, sino ante una obra que refleja las intenciones de sus máximos realizadores, escritor, director y guionista junto a la aportación vital de cada uno de los intérpretes. Y esto, claro está, nos lleva a todos, hasta a los espectadores, a ofrecer nuestro punto de vista, la última de las aportaciones: “Algunos me dicen que la escuela está para aprender reglas gramaticales y no para discutir sobre la vida. Pero para mí la escuela debe ser un lugar de debate, un sitio donde pensar y ponerse en duda a uno mismo.” Cada uno de nosotros hará su correspondiente lectura y su película.
Estamos ante una adaptación literaria, pues después de las improvisaciones se filmaron las escenas y diálogos como estaban previstos anteriormente en el guión cinematográfico. Sólo habría que apuntar que tal guión ya había surgido, a partir de la novela, de experiencias reales. Ahora sólo se trataba de comprobar de que aquellas no eran exclusivas, sino que abarcaban un amplio radio de la sociedad. De ahí que, después de ver la película terminada, los jóvenes protagonistas exclamaran: “¡Guau, es una película de verdad” Se había recogido toda la energía que estos chicos tienen, en alguna medida, vetada, y estábamos en presencia de una dura experiencia sobre la enseñanza.
ENTRE LOS MUROS DE LA SOCIEDAD EUROPEA ACTUAL sería el título idóneo para este film que no por ser francés se dirige solamente a esa región europea. Estas paredes, estas aulas, estos profesores, estos alumnos, estos entornos y estas problemáticas pueden verse en muchos sitios de la geografía continental y aún mucho más allá. Entonces todavía no hemos encontrado el título real para esta película. En una visión metafórica e hiperbolizada muchos de los momentos más llamativos del film se colocan entre los muros de la civilización actual, con toda la carga que está presentando a partir de la inmigración, la globalización y los nuevos cánones, valores e incertidumbres que el mundo de hoy nos plantea.
¿Estamos viendo realmente este Mundo que estamos viviendo, o no queremos, no podemos o no sabemos mirarlo todavía? Todas las respuestas en este orden nos darán la clave para encontrar el verdadero título a esta inquietante propuesta cinematográfica que constituye LA CLASE. ¿Entre qué muros nos estamos debatiendo? ¿Podremos echarlos abajo? ¿Qué aparecerá cuando los hayamos derribado? Por lo pronto parece que no nos damos cuenta de que el Mundo ha cambiado, que va a más y todos estamos encerrados entre los muros del no entendimiento. Será necesario el aporte de toda la sociedad para encontrar las pertinentes salidas a las incógnitas que nos rodean. En la medida que nuestra mirada se extienda a todos los ámbitos de la vida cotidiana y queramos compartirla aparecerán los mejores caminos.
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