viernes, 8 de abril de 2016

El cenicero


Todo va a una velocidad tan vertiginosa que la belleza y la reflexión que provocan muchos aspectos de la vida cotidiana pasan como pesadas rutinas. Ni aspirar el aire fresco de la mañana es algo notable. Y como eso, arrastramos millones de valores vitales.

Un día mi esposa me protestó por usar el mismo cenicero durante días o semanas sin limpiarlo. Yo solo tiraba las colillas y las cenizas. Entonces recordé que, a veces, cuando visitaba una ciudad me compraba un cenicero. Y los amontoné sin darle importancia. Eran recuerdos de paso: poseían el nombre de la ciudad o llevaban calcada alguna imagen con su identificación.

Enormes posibilidades se me descubrieron al usar cada día un cenicero diferente, además de limpiarlo después de usado y solucionar el enfado de mi compañera. El que tiene el árbol de Gernika me devuelve, sin el menor esfuerzo, la belleza de los árboles y su diversidad de historias. La madre picassiana es África, y el grito de todo lo que existe es una obra de arte. Toda la naturaleza respira en este cenicero. Así, no solo refresco la firmeza que me da lo conocido, sino también el obstinado deseo para atender a otros árboles y a otras historias. Me pasa con los frisos de Fidias en el Partenón y su bautizo como mármoles de Elgin en el Museo Británico con los ceniceros de Atenas y de Londres. Y una furia con los de Calcuta y San Salvador. No es que cada día me someta a una cuota de sufrimiento y de placer con algo trivial. Es que cualquier cosa puede latir en toda su abundancia. Con una simple colección no pensada sostengo a mi tiempo más allá de su paso.

No invito a fumar, pero sí a no desperdiciar los múltiples milagros de todo lo que nos rodea. Respirar es un goce para suavizar el asombro, igual que oír las voces del más sencillo de los objetos, algo tan necesario en este presente donde lo más destacable es seguir adelante arrollándolo todo. Lo inimaginable está bien cerca. Todo reside en extender el valor de cada instante que nos da la vida.

(También publicado en El Periódico, Catalunya, bajo el título "Todo reside en extender el valor de cada instante que nos da la vida")

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