lunes, 24 de febrero de 2014

Conducta: el contrapunto entre la historia y el tiempo (Crítica cinematográfica)



Todos ya lo sabemos: Chala es un niño de altísimos valores humanos en medio del peligro. Está bien certificada, no sólo por “papelitos”, sino también por estar bien “pulida”, que por la vida que él lleva, entre su madre fuera de todo orden e Ignacio, negociante de peleas de perros y otras luchas, el futuro de Chala es absolutamente previsible: carne de presidio. Raquel quiere cumplir con los requerimientos que debe realizar en su trabajo social para proteger al niño y propone internarlo, pero tropieza con la maestra Carmela: “ningún alumno mío ha ido a parar nunca a una escuela de conducta y Chala no va a ser el primero”. Muchísimo antes -porque Carmela lleva tantos años de maestra como los que llevan en la dirección del país sus gobernantes-, fueron alumnos suyos el director de la escuela de conducta y la madre del niño, dos personas con posterior destino completamente diferentes. Mientras él siguió los nobles valores humanos que le inculcaron, ella se asoma al abismo. En una escena Ignacio, el supuesto padre de Chala, en un primer plano le dice a Carmela que no piense por él. Y en otra escena, Carmela, en uno de los clímaxs de la película, le dice a Chala y a Ignacio que deben arreglarse entre ellos y los deja solos. ¿En qué territorio de lo humano, lo social y lo político podríamos agrupar estas peripecias? Decididamente cada persona responde a la moral y a la ética de las que se ha apropiado y toda sociedad que se precie de estar unida en torno a los más altos valores, como se pronuncia la cubana, ha de contribuir a que todos sus miembros -aunque no siempre ni con todos lo logre-, se honren con ser parte de ella. Y si se trata de un niño, la contribución es impostergable en un país que la alza como principio fundamental y sin demora de ninguna índole.

Cuando sucede un acontecimiento deslumbrante en la rutina cotidiana de los cubanos, sea el doloroso rescate del niño Elian para devolverlo al seno paterno, la terrible muerte de numerosos enfermos mentales en un hospital o, con la misma fuerza, las multitudinarias celebraciones de una Feria del libro, los Festivales de Ballet, Cine, Teatro, Música, Artes Plásticas y otros múltiples eventos artísticos, nos exaltamos y pasa como ahora, con la exhibición de la película Conducta, ya calificada como “dura, polémica, necesaria”. Con todo ésto se revela el portentoso espíritu analítico y apasionado que tenemos para participar de los hechos. Todos ejercemos ese derecho inalienable que conquistamos hace ya muchos años para nuestra historia y que el tiempo, con toda su carga positiva o negativa, muchas veces nos ha cuestionado. Es el derecho bien ganado a existir como comunidad. Por ello, a pesar de las complejas circunstancias en que vivimos, entre nosotros puede realizarse exitosamente esta película de completa producción local –ni un céntimo de ninguna productora o institución extranjera-, y esto aunque no se constituya en señal determinante, sí puntúa en el orgullo nacional de una forma muy destacada: todo lo que hagamos por nosotros mismos es lo más nuestro en forma y contenido que podremos visualizar, solucionar, desarrollar, embellecer y disfrutar con amor, conocimiento, comprensión, contención y el rigor necesario ante lo que cada cual debe hacer sorteando limitaciones, normas de convivencia, contradicciones e indiferencias vitales.

El compromiso con unos valores auténticamente asumidos ha de tener un desenlace con absoluta delicadeza y así es: la escena en que Carmela le dice a Raquel “no has entendido nada” funciona como una toma de cámara subjetiva que nos convierte a todos en activos participantes de un debate donde intentamos desentrañar qué hemos entendido. Hay tantas cosas por entender. Duele el corazón, duelen los sueños, duele el mundo. Una obra cinematográfica de esta envergadura trasciende sus armas artísticas precisamente por haberse valido de ellas y penetrar con cautela en una unidad de sentido donde los espectadores acojemos con confianza que “aquí no sobra nadie”. Por ese altísimo valor humano que hemos aprendido todo es más difícil de resolver, pues no sólo hay que solucionar la situación extrema de Chala y la matrícula de Jeny, sino también el abismo de Sonia y la inflexibilidad de Raquel.

Por esos significados profundos de lo que es propio y por propio hemos de resolver imagino el contrapunto entre la historia que nos ha movido hasta aquí y el tiempo que llevamos manteniéndola. Un desgaste inevitable invade, con elocuente sencillez y notoria generosidad, a esta “pieza tropical” deudora de la magistral “Madagascar” de los años 90 y con parentesco en el cine de autor y también con el documental de ficción. Todos los aspectos técnico-artísticos de la película escrita y dirigida por Ernesto Daranas Serrano están signados por el encanto de un cine popular. Nada ni nadie parece escapar de la idea del “taller” con que se ha dicho que se concibió la obra para que siguiera siéndolo ante los espectadores. Todo y todos habrían de reflejar en sus trabajos –u opiniones- el tortuoso contrapunto en que se desenvuelve la actualidad de la sociedad cubana, desde el guión hasta la fotografía, desde la banda sonora hasta la edición, desde la dirección de actores hasta la dirección de arte, desde el vestuario y el atrezo hasta la dirección del casting, desde la interpretación de los actores hasta la producción, desde el resultado final hasta las pantallas de todo el país. La confección de los personajes y sus diálogos cortantes se encargarían de humanizar toda la obra, desde Carmela hasta Raquel, desde Chala hasta Ignacio, desde el policía de Contramaestre hasta Pablo. Todos tienen un subtexto implacable: ¿quiénes más están en mi pellejo?

Los encuadres del tren serpenteando la línea, la caída de las chapillas debajo de los rieles –casi como el sonido de monedas- donde esperan los niños el feliz producto de su riesgo para hacer sus juegos nos fotografían el peligro que contrasta con la hermosa dedicación de todos los personajes implicados en la atención a la infancia, desde Carmela y la trabajadora social hasta el policía y el director de la escuela de conducta. El ángulo alto en picado donde Ignacio le dice a Carmela que cada cual ayuda como puede nos ofrece el concepto del guión con la posición de ambos ante el conflicto. El aletear de las palomas con su susurro y los aullidos de los perros con su rabia realzan una banda sonora donde el himno nacional cantado una vez y la hermosa canción de los niños cantada dos veces se empeñan en descifrar sus afinidades. El grito “Pioneros por el Comunismo, seremos como el Ché”, aún en su tierno destaque, se olvida fácilmente ante la aparición de la estampa de la virgen. 

Y podríamos seguir casi de forma interminable el contrapunto entre uno u otro factor que nos define y por ello la definición de la Patria, dada por uno de los niños en el aula, sin que aparezca otra definición aún cuando Carmela pregunta “si hay otra”, explica por qué se ha optado por mostrar un entorno para toda la película donde no aparecen letreros, consignas, fotos ni nada que aluda a la historia de una Revolución que se mantiene en el poder. Ni siquiera en el mural de la escuela donde se instaló la virgen –algo insólito- aparecen referencias directas a esa historia. Por ninguna parte vemos aquellas alusiones que pululan por toda la isla de condena al bloqueo norteamericano a Cuba, ni a la demanda de liberación de los 5, ni una palabra sobre el Socialismo Cubano, nada, la imaginación cinematográfica ha sustituido a la realidad. Y con esa misma imaginación portentosa los realizadores eluden la aparición ríspida de la burocracia, el autoritarismo, la corrupción y otros males que se intuyen a través de gestos, comentarios y miradas sin una gota de ingenuidad. Así también se destaca la dulce alegría de las mezclas raciales en el aula, sin ninguna referencia a los abuelos esclavos, aunque, como un murmullo, emerge la discriminación a “nuestros palestinos”. Y, como no podía ser de otra forma, por el mismo sendero de la imaginación se agranda el silencio donde van sucediéndose las principales conquistas sociales de la Revolución: una magnífica escuela primaria, excelentes maestros, una rotunda preocupación por la protección a la infancia, un hospital de primera con todos los recursos y una ciudad donde, sin que nunca observemos ni su imagen más oscura ni la más brillante, su gente anda en paz y con una gracia que pulveriza enseguida hasta el más natural de los desgarramientos humanos.

No obstante, también oímos y sentimos las palabras y las atmósferas que presionan a todos los cubanos. Tal vez por ello Martha dice que no aceptará presiones. En el largo discurso de Carmela a sus compañeros de trabajo, pulsando el ritmo de toda la película, se nos convoca a la reflexión, se nos demanda no evadir los problemas, se nos llama a luchar hasta el final, se nos exige ser intrasigentes con lo mal hecho, se nos insinúa una rebelión…, ¿contra qué? Para los que nos interesa que nuestra historia sobreviva al tiempo que la hiere –la gran odisea de todos los seres humanos-, el contra qué se esparce hacia la lucha interminable, sin jubilación que valga, contra la mala conducta que por diversas vías nada divinas nos afecta a todos. No obstante –porque siempre habrá muchos “no obstante”-, la ejemplaridad de Carmela, aún cuando nunca dejará de ser un enorme agradecimiento su existencia, también, junto a Raquel, Martha, Mercedes, Pablo, Ignacio, Sonia y muchos más, habrá de tener la justa matización de la vida, porque quien no pueda recibir la adecuada medida del descanso, igualmente puede cansarse y hasta llegar a sentir mucha “mierda” en el camino. Porque es que Carmela, entendida por muchos o no, con su humildad en el fuego y la soberbia como clave de su dignidad, es la caja de resonancia donde se mezclan todos los sueños y todas las pesadillas de la nación en su decisivo contrapunto entre la historia y el tiempo.

Es sabido que el arte verdadero provoca, interpela a toda la comunidad y usa el simbolismo popular para que fijemos los puntos inexplicables que debemos entender y solucionar. Del silencio contenido en esta película es de lo que más nos beneficiaría tratar. Por eso todos hablamos de Conducta y muchos queremos imaginar, con esa gran dosis de honda nobleza que tiene nuestro pueblo, con esos insistentes valores humanos de un país casi imposible y con una sutil sonrisa campesina, lo bueno que sería que esta película la viera el mundo entero y que todos entendieran las vueltas que le damos los cubanos a una imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

martes, 28 de enero de 2014

Devolver a las ratas al agujero de donde han salido



Causa estupor, un inmerecido estupor, admirar la hermosura del esfuerzo realizado por la AODI (Asociación de ocio para discapacitados intelectuales), la AACE (Asociación de autores de cómic de España) y la Diputación de Alicante para entregarnos el sereno y feliz libro de cómic “Un mundo de capacidades” y contrastar semejante belleza con esas imágenes dolorosas de los pueblos de España, donde “nuestros chicos discapacitados” desfilan para reclamar el mantenimiento de sus conquistas sociales que, no siendo solamente de ellos, nos arrancan a todos un poco más de la confianza en la Historia. ¿Fue cierto que luchamos por unas dignidades y que las conseguimos? Pareciera que una nueva peste traída por las ratas que permanecían en su agujero vuelve a amenazarnos. ¿Qué hacemos con la ternura que reflejan “nuestros chicos…? Sin ternura los pueblos no son pueblos, los países no son países, la historia no es historia. Simplemente porque sin la ternura no es posible respirar con agrado.

Nuestro libro no se refugia en la amargura ni en la ansiedad que en estos momentos vibran en las comunidades de discapacitados por todo lo que unas ratas les están quitando, es al revés, nuestro libro, apenas rozando la crisis que se ceba en la fragilidad del corazón, se nutre con unos textos tan sencillos como los latidos cotidianos que nos afirman en la vida, una obra de bondad que se levanta con unos trazos juguetones, cálidos y elegantes en planos siempre rítmicos que atrapan todos los colores. Nuestro libro es el fiel reflejo de la alegría de “nuestros chicos discapacitados”. Una alegría que desborda las “capacidades” que el llamado “mundo normal” parece estar perdiendo: ¿será que en su “normalidad” está prohibido vencer a las ratas que nos han traído la peste de estos momentos?

Así, entre historias sumamente sencillas, como para recordarnos que en tiempos turbulentos no hay nada mejor que el coraje de la sencillez, nuestro libro nos explica que con una sonrisa colectiva se arriba a ser súper héroe, que con un juego en el parque se define la dicha, que con la pura observación de Pau al sentir la diferencia se sabe en qué consiste ser feliz, que con la presencia de los AngelMan entendemos que el contacto físico para la amistad es muy importante,  que con Blasito haciendo girar un cordón de zapato se ve la raíz inmortal del silencio atrapada en el tiempo y que con un pequeñísimo bajel pirata dentro de una botella puede aprenderse a devolver a las ratas al agujero del que han salido… Ah, eso es lo que nuestro libro pretende decirnos y por una razón muy sencilla: la inutilidad y la infelicidad que provoca no conocer la ternura es la discapacidad que tienen las ratas para traernos la peste, y la felicidad y la utilidad de conocerla es la capacidad que tenemos todos para mantenerla, librarnos de la peste y devolver a las ratas al agujero de donde han salido

jueves, 16 de enero de 2014

El refugio de una bandera independentista



Si predicamos mucho nuestras ideas, los poderosos dicen que estamos adoctrinando y eso es negativo hasta para nuestro propio ideario. Hemos creído en los pensamientos que más nos perjudican. Nos dicen incluso que cualquier lucha por la identidad de un pueblo es un empobrecimiento cultural que sólo nos llevará al terrorismo. Ahí el miedo se apodera de los más auténticos sentimientos que nos unen. Y volvemos a pelearnos para reclamar un trozo de tierra para ti y otro para mí como si eso fuera el gran valor de los pueblos. Casi siempre somos nosotros mismos los que impedimos acuerdos importantes. A la sombra de todas las desesperaciones del camino hemos creado un perfecto lenguaje de supervivencia mundial muy conveniente para que los poderosos nos sigan dominando.

¿Por qué funciona todo esto? Es de una simpleza extraordinaria: nos han hecho creer que somos los trabajadores -los creadores de todas las riquezas- los esclavos del Capital. Nos han convertido en las piezas más laboriosas del engranaje del Sistema Capitalista, el mejor sistema de toda la Historia que consiguió, con un descaro sorprendente, la desintegración de la libertad y de la igualdad en un pequeñísimo trozo de tierra soberano: nuestras posibilidades individuales en la selva del bienestar. Siempre que apostemos por trocearnos estaremos engrasando la estructura de opresión más grande que se ha concebido para nosotros y para toda la Humanidad.

Vengo de Cuba, un lugar donde interesaba mucho que la libertad se desenvolviera hacia la realización creadora de las personas en igualdad de oportunidades. El país entero se llenó de instituciones culturales y educativas para que el estudio y la creación artística y literaria fueran uno de los más apreciados bienes. Y por ahí empezaría el largo camino de humanización para crear un verdadero país y no la migaja de tierra que nos serviría de tumba. Mientras no estemos cultivados no seremos absolutamente libres.

¡Es que en Cuba se hizo tanto por la formación del ser humano! ¿Qué pasa con esas conquistas? Existe una respuesta muy clara que apenas oímos: los valores de Cuba no caben en los Bancos del Capital. Por esa falta le mantienen un bloqueo y un sinfín de otras agresiones, porque, según los poderosos del Capital, Cuba es una dictadura que padece de inmovilismo, ¿es que acaso los otros países se mueven mucho para que todos sus ciudadanos tengan las mismas oportunidades y se cultiven dignamente o sí se mueven muchísimo para que los poderosos del Capital mantengan su dictadura sobre los pueblos? Sí, se mueven muchísimo, porque la inmensa mayoría de esos países sólo reconocen los derechos de aquellos que entienden con disciplina lo que exige el Orden Establecido: que cumplan con rigor los valores que los Bancos quieren recibir puntualmente. ¿Ese es el país que queremos? ¿Catalunya independiente cumplirá con los valores que nos han impuesto los Bancos y el Capitalismo? ¿Esa es nuestra bandera?


Cuba cambió su Orden, pero sola no podrá llegar muy lejos. De ahí las grandes dificultades que atraviesa el pueblo cubano y lo terrible que puede significar la ruptura entre los pueblos. Vivimos tiempos para exaltar la fraternidad y no las divisiones. Y es que el propio pueblo catalán ya está troceado por los intereses de los poderes dominantes en las diversas épocas de su existencia. Cuba debe gran parte de su libertad a la solidaridad de otros pueblos, a su generosa cooperación con los más desfavorecidos y a no olvidar nunca los variados componentes de su historia. ¿Pueden pensarse con suficiente rotundidad estos pensamientos en Catalunya? 

Ahora, cuando ya vimos cómo la Unión Europea impidió que el pueblo griego votara en referéndum los recortes sociales que se le harían y no fuimos capaces de sentirnos todos griegos, tal vez podríamos entender la necesaria e imprescindible fraternidad entre los pueblos para su liberación. Cuando entendamos el valor de la fraternidad, entenderemos todos los conflictos del ser humano. Resulta vergonzoso para el pueblo catalán y sus luchas que el presidente de la Generalitat de Catalunya se dirigiera a la Unión Europea diciendo que "si Catalunya se independiza de España sería un contribuyente neto a los fondos de la Unión Europea", o sea, que el aporte que, supuestamente, realiza Catalunya a pueblos hermanos como el de Extremadura irían a otra parte. ¿Se ha pensado en el sentimiento de oprobio que pueden representar esas palabras para la cantidad de extremeños y sus descendientes que viven en territorio catalán y que han contribuido decididamente al enriquecimiento de Catalunya? No, al parecer esto se ha pasado por alto, ya que también, al parecer, el poder catalán entiende que estos extremeños eran unos pobres esclavos y aquí se redimieron, ¿de verdad se redimieron? Y es que como esclavos es como el poder ha querido tener siempre a la clase trabajadora. Si los principios de solidaridad y de compartir la existencia como iguales no se generaliza en Catalunya, difícilmente los catalanes alcanzarán sus sueños más queridos.

Ahora mismo estamos presenciando el gran valor de la fraternidad cuando vemos a los madrileños y de otras ciudades españolas salir a las calles para apoyar la unión de los vecinos del Gamonal, en Burgos, que han esgrimido el "Sí, se puede" para enfrentarse a los poderosos. ¿Sentimos en Catalunya la solidaridad de los demás pueblos de España y de Europa? Evidentemente, no. Quizás sea porque esos pueblos estén pensando que los catalanes deberían entender la generosidad de los sentimientos fraternales y que junto a sus luchas nacionales también se planteen luchar junto a todos los que sufren el mal gobierno del Estado Español y de la Comunidad Europea del que Catalunya también forma parte. ¿Podrían hacerlo? Desde luego que sí, pero antes deben cuestionarse si la libertad que buscan es un derecho pleno o sólo una mercancía que pueden comprarse con las riquezas acumuladas. Si esta incógnita pasa la prueba, ¿qué no se podría hacer desde Catalunya, desde España, desde Europa y desde el Primer Mundo en general donde hay tanto poder en tanta vergüenza acumulada? ¡Sería posible la verdadera libertad para todos! Sólo cuando luchamos para que los diversos pueblos dejen de ser esclavos del Capital podemos imaginar que juntos alcanzaremos la plenitud de nuestras identidades. Jamás debemos dar por válidos aquellos argumentos basados en la imposibilidad de los pueblos para encontrarse y convivir juntos. Es que juntos ya estamos viviendo en el mundo entero, ¿queremos girar en contra de ese destino? No puedo creer que sea ese giro al revés la defensa catalanista, ya que ello sería encerrarse en el refugio de una bandera independentista mientras se ahoga la lucha imprescindible que habrán de forjar todos los pueblos cuando, ampliamente cultivados, echen a andar, sin el permiso de los poderosos, los procesos constituyentes de sus nobles aspiraciones contra los opresores de siempre y de todos.



miércoles, 15 de enero de 2014

Un vibráfono en el reino del Jazz



En el último trabajo del vibrafonista Andreu Vilar, “A sol i serena”, un CD con ocho composiciones del músico catalán y realizado en compañía del saxofonista Vicent Macian, el contrabajista Juan Pablo Balcázar y el batería Carlos Falanga, podemos sentir el rico sabor deseado por el artista cuando nos dice que “querría que el proyecto fuese igual que un licor refinado por el aire libre del día y por la humedad de la noche”. ¿Qué se siente al escuchar esta música? Lo que él dice: suavidad, libertad, ternura y embeleso. ¿Cómo se toma? Muy sencillo: a sorbos de la dulce sonoridad inagotable del buen licor.

Una cosa resaltaría con verdadero entusiasmo: el afán del artista por situar su vibráfono con soberbia y humildad en el reino del jazz. Con soberbia porque su paseo entre disonancias, repeticiones e improvisaciones desafía a los demás instrumentos participantes en el viaje conjunto sin cubrir a ninguno, y con humildad porque el nervio cristalino de su ritmo introduce sublimes entradas y permite recios acompañamientos a todos. Andreu sabe cómo entrar, estar y salir del cuarteto para bordar cada una de sus composiciones igual a como se oxigenan las variadas formas de la viña.

Decididamente este joven artista catalán ya debe estar sembrando el ambiente de futuros licores. Acabado el disco-vasija que nos ha presentado ahora, se queda uno con ganas de seguir escuchando-tomando la calidez-soñolienta del buen jazz, de la buena música y del embriagante encuentro con la sabrosa bebida que entre Porto y Berlín ha recreado Andreu por los caminos de Les Gavarres.